Más allá del tiempo, el lugar y los rostros

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Emanuel David Weinstein

Nina Subin, fotógrafa que por largo tiempo ha trabajado cómo editor fotográfico en el New York Times, presenta actualmente, dentro de la exposición colectiva "Rastros Karmicos" en el Centro de la Imagen, una muestra de sus trabajos fotográficos. Las fotografías aquí presentadas por Subin son de una calidad y belleza tales que distan mucho de las presentadas por el resto de los participantes, las cuáles se caracterizan por su timidez, además de adolecer de una técnica refinada, que no les permite ir mas allá de lo mundano. El trabajo de Subin transporta al espectador a varias dimensiones virtualmente al mismo tiempo. Cada foto crea una oportunidad para que el espectador deje correr libremente su imaginación ó desee caminar por una escena congelada.

Nina SubinEl elegante catálogo de ésta muestra incluye un excelente texto de Eliot Weinberger, crítico con un profundo conocimiento del arte latinoamericano. En su ensayo, Weinberger nos lleva por un viaje a través de esas culturas, cómo la Asiática y la Mesoamericana, en las que existe la profunda creencia de que la realidad vá mucho más allá de lo que nuestros sentidos perciben. También, hace la observación de que la fotografía del siglo XIX era estática: un sujeto aislado y enmarcado; entanto que en la desarrollada durante el siglo XX, con velocidades más rápidas de la película y el obturador, se aisló el instante, lográndose que cada fotografía fuese una extremadamente delgada "rebanada de la vida".

Las imágenes de Subin de los lugares de santidad y devoción , así cómo de las personas que a ellos acuden, tienen la calidad congelada del blanco y negro, y la sutileza que sugiere el movimiento: una mujer sari que es velada de pie en Rajasthán y cuyos velos son apenas agitados por una suave brisa, un paisaje brumoso y lunar de Islandia que identificamos inmediatamente con la idea de terra incognita. Imágenes que nos llevan a desear el estar ahí.

Nina SubinEl tema de la reencarnación nos viene a la mente al contemplar estas fotografías y leer el texto de Weinberg. Lo que un alma aprende (o no aprende) en esta vida corresponde únicamente a esa danza interminable del viaje que nunca comienza y nunca termina. Weinberger también hace una interesante serie de correlaciones entre la física subatomica y la naturaleza del tiempo y del espacio en relación a los adornos antiguos que se encuentran en estas fotografías. ¿Qué sabiduría oculta se halla en el objeto encontrado durante el aprendizaje del comportamiento paradójico de los electrones, protones y neutrones, que actúan como ondas en un instante y partículas al siguiente?.
Weinberger también hace mención de que la vida de la pequeña mosca que revolotea en torno a la fruta es de menos de 48 horas. Vivirá y morirá sabiendo lo que solamente es una estación, durante la que nació; 100 generaciones más adelante, alguna otra mosca sabrá solamente lo que es el verano o el otoño. En la biblia se dice que un año para el Señor es como un día para el hombre mortal y que un día para el Señor es como un milenio para Su creación. ¿Cuál es la diferencia para que nuestro concepto del tiempo nos permita considerar a la eternidad cómo la definición más precisa de lo que es un instante y no cómo un largo camino sin fin? Incluso, para la pequeña mosca, debe existir un conjunto de conocimientos aprendidos durante su corto período de vida y que legará a las posteriores generaciones. Igual y cómo sucede en la humanidad.

Una de las alegrías que surge al ver estas fotografías es la sensación de que a las imágenes no les corresponde una fecha fija, no existe en nuestro debil concepto de "año" algo con lo que podamos dar a esos rostros y cuerpos un punto de referencia. Al contemplar las imágenes de Subin, nos transportamos al centro de nuestra imaginación; casi podemos vivir la vida del Buda de granito en Tailandia ó de los adorados antepasados de los habitantes de Kansai, Japón.

Existe una sensación de paz y serenidad al contemplar los dioses antiguos y las escrituras sagradas en las paredes de templos y de monasterios. No hay ansiedad al mirar cómo el viento barre las polvorientas y estériles llanuras. Ya todo esto lo hemos visto antes y no sentimos temor alguno. Tenemos las voces de todos nosotros y nos abstenemos de vivir en armonía con nosotros mismos. Cada cosa, en su individualidad, viene justo con el engrane perfecto para crear el entero.

Nina SubinMientras que la mayoría de los fotógrafos intentan probar que sus imágenes contienen los gérmenes de la vida y los bocados de la "verdad universal", las fotos de Subin, por el simple hecho de tener la virtud de ser imágenes de lugares y gente verdaderos, muestran al espectador que ningún tipo de sobreposición o manipulación consciente de las imágenes puede igualar la directa y comprometida honradez de una fotografía bien tomada. Por esto, debe de entenderse que cualquier conjunto de fotografías podrá ser interesante hasta cierto punto, pero siempre será "esa" fotografía de un lugar distante, "esa" fotografía de un mundo alejado de la civilización occidental, la que finalmente captará toda nuestra atención y sea digna de las "mil palabras".

Si uno tuviera que asignar una etiqueta para cada una de las fotografías de Subín, la de "minimalismo" sería la adecuada; aún cuando, irónicamente, estas fotografías fueron tomadas en la india: país de una cultura que no nos refiere al minimalismo, como lo podría ser la japonesa. La leccion es, cómo diría cualquier persona con ojo para la elegancia: menos es más. Imágenes atemporales, de una riqueza y exoticidad contundentes, desprovistas de cualquier barniz; así son las fotografías de Subin.

Nina Subin

 

Todas las fotografías son cortesía del Centro de la Imagen

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Fecha de publicación: 24.09.2000