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Más allá del tiempo, el lugar
y los rostros
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Nina
Subin, fotógrafa que por largo tiempo ha trabajado cómo
editor fotográfico en el New York Times, presenta actualmente,
dentro de la exposición colectiva "Rastros Karmicos"
en el Centro de la Imagen, una muestra de sus trabajos fotográficos.
Las fotografías aquí presentadas por Subin son de una
calidad y belleza tales que distan mucho de las presentadas por el
resto de los participantes, las cuáles se caracterizan por
su timidez, además de adolecer de una técnica refinada,
que no les permite ir mas allá de lo mundano. El trabajo de
Subin transporta al espectador a varias dimensiones virtualmente al
mismo tiempo. Cada foto crea una oportunidad para que el espectador
deje correr libremente su imaginación ó desee caminar
por una escena congelada. |
El elegante catálogo de ésta muestra
incluye un excelente texto de Eliot Weinberger, crítico
con un profundo conocimiento del arte latinoamericano. En su ensayo,
Weinberger nos lleva por un viaje a través de esas culturas,
cómo la Asiática y la Mesoamericana, en las que
existe la profunda creencia de que la realidad vá mucho
más allá de lo que nuestros sentidos perciben. También,
hace la observación de que la fotografía del siglo
XIX era estática: un sujeto aislado y enmarcado; entanto
que en la desarrollada durante el siglo XX, con velocidades más
rápidas de la película y el obturador, se aisló
el instante, lográndose que cada fotografía fuese
una extremadamente delgada "rebanada de la vida".
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Las imágenes de Subin de los lugares de
santidad y devoción , así cómo de las personas
que a ellos acuden, tienen la calidad congelada del blanco y negro,
y la sutileza que sugiere el movimiento: una mujer sari que es
velada de pie en Rajasthán y cuyos velos son apenas agitados
por una suave brisa, un paisaje brumoso y lunar de Islandia que
identificamos inmediatamente con la idea de terra incognita. Imágenes
que nos llevan a desear el estar ahí.
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El tema de la reencarnación nos viene a la mente
al contemplar estas fotografías y leer el texto de Weinberg.
Lo que un alma aprende (o no aprende) en esta vida corresponde
únicamente a esa danza interminable del viaje que nunca
comienza y nunca termina. Weinberger también hace una interesante
serie de correlaciones entre la física subatomica y la
naturaleza del tiempo y del espacio en relación a los adornos
antiguos que se encuentran en estas fotografías. ¿Qué
sabiduría oculta se halla en el objeto encontrado durante
el aprendizaje del comportamiento paradójico de los electrones,
protones y neutrones, que actúan como ondas en un instante
y partículas al siguiente?.
Weinberger también hace mención de que la vida de
la pequeña mosca que revolotea en torno a la fruta es de
menos de 48 horas. Vivirá y morirá sabiendo lo que
solamente es una estación, durante la que nació;
100 generaciones más adelante, alguna otra mosca sabrá
solamente lo que es el verano o el otoño. En la biblia
se dice que un año para el Señor es como un día
para el hombre mortal y que un día para el Señor
es como un milenio para Su creación. ¿Cuál
es la diferencia para que nuestro concepto del tiempo nos permita
considerar a la eternidad cómo la definición más
precisa de lo que es un instante y no cómo un largo camino
sin fin? Incluso, para la pequeña mosca, debe existir un
conjunto de conocimientos aprendidos durante su corto período
de vida y que legará a las posteriores generaciones. Igual
y cómo sucede en la humanidad.
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Una de las alegrías que surge al ver estas fotografías
es la sensación de que a las imágenes no les corresponde
una fecha fija, no existe en nuestro debil concepto de "año"
algo con lo que podamos dar a esos rostros y cuerpos un punto
de referencia. Al contemplar las imágenes de Subin, nos
transportamos al centro de nuestra imaginación; casi podemos
vivir la vida del Buda de granito en Tailandia ó de los
adorados antepasados de los habitantes de Kansai, Japón.
Existe una sensación de paz y serenidad al contemplar
los dioses antiguos y las escrituras sagradas en las paredes de
templos y de monasterios. No hay ansiedad al mirar cómo
el viento barre las polvorientas y estériles llanuras.
Ya todo esto lo hemos visto antes y no sentimos temor alguno.
Tenemos las voces de todos nosotros y nos abstenemos de vivir
en armonía con nosotros mismos. Cada cosa, en su individualidad,
viene justo con el engrane perfecto para crear el entero.
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Mientras que la mayoría de los fotógrafos intentan
probar que sus imágenes contienen los gérmenes de
la vida y los bocados de la "verdad universal", las
fotos de Subin, por el simple hecho de tener la virtud de ser
imágenes de lugares y gente verdaderos, muestran al espectador
que ningún tipo de sobreposición o manipulación
consciente de las imágenes puede igualar la directa y comprometida
honradez de una fotografía bien tomada. Por esto, debe
de entenderse que cualquier conjunto de fotografías podrá
ser interesante hasta cierto punto, pero siempre será "esa"
fotografía de un lugar distante, "esa" fotografía
de un mundo alejado de la civilización occidental, la que
finalmente captará toda nuestra atención y sea digna
de las "mil palabras".
Si uno tuviera que asignar una etiqueta para cada una de las
fotografías de Subín, la de "minimalismo"
sería la adecuada; aún cuando, irónicamente,
estas fotografías fueron tomadas en la india: país
de una cultura que no nos refiere al minimalismo, como lo podría
ser la japonesa. La leccion es, cómo diría cualquier
persona con ojo para la elegancia: menos es más. Imágenes
atemporales, de una riqueza y exoticidad contundentes, desprovistas
de cualquier barniz; así son las fotografías de
Subin.
Todas las
fotografías: Cortesía del Centro de la Imagen
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