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Genoveva De La Peña

de noche y con velas

"I remember noisy candy wrappers
when you don't want to make any noise".
Joe Brainard

En otros tiempos la respuesta a la pregunta ¿qué es arte? en el mejor de los casos, la daba el artista; hoy en día responde el curador y más que responder, lleva a cabo ciertas acciones que lo ponen de manifiesto.
Sin pensar que sea cierto que hoy todo puede ser arte y cualquiera puede ser artista, sí creo que gozamos de la posibilidad de ser testigos de nuevas acciones con total cabida en el juego del arte. En esta ocasión, pudimos constatar un ejercicio donde los papeles tradicionales de obra, artista, curador y público presentaron una sutil alteración en sus significados establecidos. El curador pasó a ser la obra, el artista, curador, la obra también fue público, y el público permaneció siendo un espectador de ambigua identidad entre sí mismo, el objeto expuesto y la figura del curador de arte.
El evento pictórico consistió en la muestra de un retrato de la curadora Lorena Wolffer, pintado por Saúl Villa y expuesto como pieza única en un salón de FrontGround, Galería Manolo Rivero en Mérida, Yucatán.
Al entrar al espacio, el público era invitado a tomar una máscara (fragmento de la pintura La Curadora) y cubrirse la cara con ella.  En ese instante, uno se convertía en parte de la obra sin perder del todo su condición individual de público. La imágen de la obra se reproducía por decenas, en segundos, a la entrada del salón y, desde ahí hacía el recorrido para llegar a contemplarse a sí misma, no sólo colgada en el muro, sino en el rostro del resto de los invitados. 

Es la figura del curador la que en el mundo actual del arte elige el lugar, determina el contexto, selecciona la obra, interpreta, da significado, construye discursos, evalúa y otorga o resta valor estético, etc. En esta ocasión pudimos verla estática en la pared y bien iluminada, mientras el verdadero curador de la acción departía discreto entre el público, como cualquier observador y sin hacer ninguna alusión a sus poderes curatoriales.

Un curioso suceso tuvo lugar esa noche; se fue la luz.  Ese pequeño detalle modificó sustancialmente la acción. Al lado del retrato La Curadora se colocó un mueble lleno de veladoras para iluminarlo. Aquello aportaba un aura de altar al asunto, como si se tratara de la imagen de un santo venerado en una pequeña capilla. Fue inevitable hacer la relación entre la adoración de los fieles creyentes y la reverencia por parte de los artistas, galeristas y coleccionistas hacia la figura del curador. Cabe mencionar, que todo esto fue accidental y no formaba parte de la instalación original de La Curadora.

Lorena Wolffer estaba presente pero la oscuridad hacía indistinguible su figura. Si se lograba descubrirla (y además se tenía conocimiento de su trayectoria artística), nuevos efectos se añadían a la pieza.

Sin haber descifrado del todo la intención del artista, confieso haber disfrutado divertida el efecto de ver exponenciada de forma no sólo metafórica, sino física, la simbólica figura del curador; a un tiempo aludido y anónimo.
Homenaje... ironía... complicidad.

Esa noche, la curadora se contempló a sí misma convertida en imagen, el artista curó su propia obra y el público tuvo la experiencia de consumar y consumir el objeto de su visita. Finalmente la acción de Saúl Villa, quien persistentemente apuesta por el poder de lo pictórico, invita a preguntarnos una vez más quién sigue teniendo la última palabra en cuanto a lo que el arte es.

 

27, agosto, 2011

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