Liliana Porter
Línea de tiempo

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Para iniciar el ciclo de exposiciones de 2009, el Museo Tamayo Arte Contemporáneo organizó la muestra Liliana Porter. Línea de tiempo, retrospectiva que presentó la obra de esta artista de origen argentino (Buenos Aires, 1941), radicada actualmente en Nueva York, en la que se incluyen pinturas, grabados, dibujos, fotografías, instalaciones y videos.

A partir del 12 de febrero y hasta el 3 de mayo de 2009, el público podrá conocer el trabajo de esta importante artista, cuya propuesta está llena de humor, juegos visuales y empatía, y quien a partir de pequeños recursos logra entablar grandes interrogantes.

Bajo la curaduría de Tobias Ostrander se presentan 38 obras realizadas a lo largo de 40 años de trayectoria artística, que van desde 1968 hasta producción reciente de 2008. La muestra pone énfasis particular en la forma en la que la artista se aproxima al tiempo en sus trabajos, mientras que la línea es el hilo conductor visual a lo largo de las salas de exhibición.

Una línea de tiempo es un auxiliar gráfico que ayuda a organizar visualmente el tiempo secuencial. A través de ella se sitúan eventos temporales, uno después de otro, en una estructura lineal. La exposición, explica Ostrander, toma su nombre de esta herramienta como una manera de enfatizar el uso que hace Porter tanto de la línea como del tiempo, y su interés particular en desestabilizar la concepción de éste, pues la artista reta la noción del tiempo lineal mediante repeticiones, trucos visuales e indagaciones metafísicas.

Tobias señala que en la obra de Porter resuenan preguntas en torno del tiempo y sus afinidades —espacio, memoria, mortalidad— así como las investigaciones complementarias que ellas articulan sobre la representación, la estructuración de la realidad y el anhelo por el significado. De esta forma, la artista nos lleva hacia otros cuestionamientos filosóficos acerca de la percepción cotidiana de la realidad, la historia, el amor, el deseo y el dolor.

Los juguetes y objetos que se volvieron predominantes en la obra de Porter a inicios de la década de 1980 se producen en distintos momentos y contextos. Algunos son antigüedades, figuras de porcelana de los años cuarenta y cincuenta; otros son claramente contemporáneos: juguetes de plástico, relojes o velas hechas en Taiwán o China. Varios de ellos representan figuras históricas como un soldado nazi, Mao, el Che Guevara o Jesucristo. El tiempo adherido a los objetos ayuda a posicionarlos como signos temporales y representaciones de ideas e ideales; cada uno de ellos asociado con un determinado periodo histórico.

La percepción del tiempo y su representación

Desde temprana edad, Liliana Porter tuvo conciencia de la naturaleza arbitraria del entendimiento del tiempo, varias reubicaciones, no sólo de casa sino de país, se dieron a lo largo de su vida, empezando en 1958 con la mudanza de su familia de Buenos Aires a la ciudad de México, para después migrar definitivamente a Nueva York, en 1964.

Debido a la experiencia de vivir físicamente en una zona horaria, pero mentalmente conectada a otra, Porter reconoció el tiempo como una estructura mental basada en la percepción individual. Así, dos tiempos distintos pueden coexistir y dialogar entre sí dentro del mismo espacio abstracto y temporal, una experiencia que sirve para cuestionar la línea del tiempo. Liliana Porter ha buscado continuamente articular tales reflexiones en su obra. Sus estrategias han incluido la demostración de coexistencia de temporalidades múltiples en una sola imagen; además de la aparente disrupción de una determinada secuencia temporal.

La participación del espectador y el discurso curatorial

Tobias Ostrander menciona que Liliana Porter constantemente estructura nuestra participación activa como espectadores. Sus obras nos piden que actuemos las interrogantes filosóficas que las motivan y a las que la artista regresa sin descanso. Porter describe con frecuencia cómo su viejo colaborador virtual y guía, Jorge Luis Borges, hablaba de la facilidad con que uno puede convertirse en un buen escritor, frente a la extrema habilidad necesaria para hacerse un lector de talento. El trabajo de Porter nos reta con dinamismo a que leamos y prolonguemos creativamente sus estrategias hacia nuestras esferas de interés. 

Liliana Porter. Línea de tiempo presenta ejemplos de la obra de la artista, lo cual funciona como una especie de retrospectiva. Sin embargo, inspirada en la práctica de Porter, esta retrospectiva no sigue una secuencia estrictamente histórica, sino que destaca las repeticiones, intereses formales y conceptuales que reaparecen en distintos tiempos, a lo largo de cuarenta años de su producción.

La exhibición responde al uso intensivo de yuxtaposiciones de la artista, su diálogo con el espacio blanco del museo y con la historia del arte, su conciencia sobre la secuencia y lo coreográfico de la experiencia del espectador, así como su interés en presentar el conocimiento adquirido.

 

fecha de publicación: 25.05.2009