Ulises Carrión: Una vida entre libros.


Ulises CarriónDesde su aparición El nuevo arte de hacer libros de Ulises Carrión fungió como una obra visionaria que llevó a muchos a introducirse en el ámbito editorial artístico.  Carrión el  Ulises migrante escapó de las ataduras nacionales desde 1970 y adoptó a Holanda como su país, ejerció la marginalidad que le permitía su talento, su preferencia sexual gay, y su lengua materna.            
El libro sin fronteras, sin orillas, sin límites. El libro como una sucesión de páginas evento que requieren de una posición de lectura específica  y que no necesariamente corresponde a una edición múltiple unitaria, se convirtió en su nueva patria, en su nueva matria y fratría.  

Ulises conoce la capital holandesa de los Provos, de las bicicletas blancas y del movimiento Squat.  Su presencia pasa desapercibida, su carrera como literato narrador también, atrás quedó la idea de hacerse un lugar en las letras mexicanas, bienvenida la protesta y la provocación, bienvenido el movimiento ciclista que logró conquistar las calles de la vieja Ámsterdam y bienvenida  la apertura a los colectivos pacifistas con los cuales se identificaron John y Yoko desde su encamada en la habitación 902 del Hilton de Apololaan de Ámsterdam (1969).

Para hacernos suspirar con la crónica de esos tiempos, la editorial mexicana La Tumbona presenta en este 2013 el  primer número de la colección Archivo Carrión, que pretende reunir por vez primera en lengua castiza la obra completa del fundador de Other Books and So,  que fuera la primera librería-colección especializada en obras-libro, acervo que Carrión expandió, cuidó y conservó hasta su muerte en 1989.  

Todavía recuerdo mis infructuosos intentos por localizar el número 227 del Canal Herengracht (el Canal de los Señores, uno de los más exclusivos lugares para vivir en Holanda ) donde se encontraba Other Books and So. Pero en cambio encontré Bookie Wookie, la única colección pública de libros producidos por artistas que subsiste en la  calvinista capital puritana (la dirección es: Berenstraat 16),  y que ofrece obras reeditadas de Carrión (tienen la edición dem1992 de Quant aux Livres, On books y We have won! Haven’t we, editado en 2008 en Ginebra?).   originales de Dieter Roth, Maurizio Nannucci y cientos de autores más. Checa el sitio web http://boewoe.home.xs4all.nl/frame2.htm.

Detrás del escaparate de Boekie Woekie se encuentran decenas de obras-libro originales que van dejando lugar a nuevas ediciones, más elegantes, menos manuales, y que recogen las obras completas de artistas como los islandeses Ziggy Gudmundson y Sigridur Gudjónsdóttir (tan difícil de escribir, casi imposible de pronunciar, por eso lo puse). Habría que preguntarle a la especialista Martha Hellion ya que ella ha trabajado con Ulises Carrión y con esa librería.

Para no divariar tanto sobre el tema, vuelvo  al archivo que  recientemente hizo  publicó La Tumbona, editorial que dirige Luigi Amara y Cia;  hay que decir que sí, efectivamente,  que el libro de Carrión fue profético  al grado en que  los libros-obra (bookworks) han llegado a convertirse en una plataforma para el arte contemporáneo como  lo imaginó el autor.

Ulises era un temerario que se dejó llevar por el canto de las sirenas hasta  meterse  en el video (cuando todavía no existía el videoarte ni las cámaras digitales) y producir  secuencias de imágenes en pesadas cintas de rollo.  Fue él quien fundó Time Based Arts a fines de los 70. Lo digo con cierto orgullo porque sólo a  él se le hubiera ocurrido la descabellada idea de fundar tal institución en Ámsterdam, donde la gente ni siquiera veía televisión. Uno de los contados continuadores de la tarea de Ulises en Ámsterdam, y probablemente en Europa,  el multidisciplinario colombiano Raúl Marroquín, conduce  hasta hoy un programa de entrevistas con todos y de todo desde el estudio de televisión del NIMk  (Nederlands Instituut voor Mediakunst) que tiene el formato de un libro pero secuenciado en video.  Quería añadir este byte de información sólo para hacer énfasis en la trascendencia carrionista no sólo en las artes librescas sino también en las artes basadas en el tiempo.

El arte nuevo de hacer libros fue escrito, nos dice el genial tijuanense Heriberto Yépez, biógrafo de Carrión, en 1974 en español. Fue su última incursión en las letras hispanas.   Recuerdo que en ese entonces yo estaba en el taller de encuadernación en la secundaría y  existían en las papelerías unas hojas de tipografía autoadherible que eran lo más a lo que se podría acercar un mortal común para producir textos domésticos con apariencia tipográfica.   Esos eran los materiales con los que comenzó Carrión a explorar la poeisis del texto para convertirlo en imagen, siguiendo, en sus principios, la saga que marcaron los poetas concretos y Neoconcretos de Brasil y Argentina  en los años 1950 y 60.  

Aquellas indagaciones en el lenguaje formal de la poesía llevaron a Ulises a experimentar con el arte sonoro, el performance y el teatro, siempre, como todo migrante, haciendo una mezcla de conceptos y soportes según sus necesidades y la disponibilidad de materiales. El constante nomadismo vocacional lo llevó a convertirse en una presencia e influencia invisible e inasible sobre otros artistas.   Su concepto particular del Arte Postal, fue perfeccionado por el chileno Eugenio Ditborn,  y se ha traducido culturalmente a nuevas formas de acción en el espacio público, como  el archivo post-it, que no es otra cosa que un dispositivo móviles de interacción urbana. 

Su idea del libro como contenedor de iluminaciones y diagramas conceptuales ha influido sobre artistas contemporáneos nuestros como Eric Beltrán, quien ha seguido sus pasos  por medio de la edición e intervención de publicaciones periódicas, colocando microscópicas figuras en diarios de todo el mundo o reconstruyendo periódicos  para promulgar teorías esotéricas del conocimiento. Mariana Castillo Deball, que también hizo carrera en Holanda, ha construido obras libro-objeto con alegorías a fuentes arqueológicas extraídas de cajitas de cerillos.  Y, claro, otro mexicano, residente en los Países Bajos, Carlos Amorales, ha desarrollado tipografías a través de siluetas de imágenes que combina y recompone para formar libros y archivos líquidos, tal y como lo imaginó Ulises.  

La separación de libro de su función meramente anecdótica, su descomposición en planos y secuencias, también ha influido a artistas como el tapatío  Jorge Méndez Blake, que ha hecho del libro la piedra de toque de sus instalaciones, y ha deshojado la novela de Melville, Moby-Dick,   para expurgar todas las citas y datos que encontró en la novela; el resultado: un libro abierto sobre el muro, como una extensión de sus fronteras. Lo mismo podría decirse también de las obras sonoras de Carrión que han generado  ecos en Méndez Blake, al producir una suerte de situacionismo aural y paisajes sonoros basado en las narraciones de Juan Rulfo.

Qué bien que ediciones La Tumbona aprovecha el momento actual para republicar la obra de Carrión y rescatar todo lo que hasta ahora se nos ha escamoteado en anteriores ediciones, sí claro, marginales.  El replanteamiento de la creación artística como estrategia  cultural más que como expresión personal,  es una deuda que tiene la escena contemporánea del arte con Ulises. Quizá el mejor Ulises esté por regresar en el tiempo a Itaca.

fecha de publicación: 05.06.2013