Muere Antoni Tápies.

por Julén Ladrón de Guevara

La desaparición de uno de los artistas catalanes que impresionaron a todo el mundo con su obra, su postura estética y política y su generosidad, obliga a reflexionar sobre el papel del artista y su tiempo. 

Antoni Tápies (Barcelona, 1923-2012) fue ante todo un artista humanista que dialogó con su tiempo y con su sociedad, y que también supo crear con su obra una serie de símbolos, toda una estética y una poesía  que unieron a los catalanes y crearon una admiración generalizada en el mundo por la cultura catalana y por ese eje de artistas excepcionales que compartieron la catalanidad: Picasso (que no era catalán pero que asimiló y dejó su impronta),  Joan Miró (a quien Tàpies admiró), y Antoní Gaudí , con quienes compartió su pertenencia a la tradición mediterránea, su posición política en favor del pueblo y sus tradiciones, y una mística que elevó su obra por encima de referencias temporales o de lugar.

A pesar de que constantemente se asoció a Tàpies con el materialismo abstracto,  él mismo defendió su obra, la explicó y teorizó sobre ella, dejando en claro que su voluntad creativa estaba del lado de una vida sencilla, afincada en los objetos comunes, en la experiencia del dolor y el consuelo de la meditación.

No obstante, también usó su poética matérica  para manifestar el repudio a la dictadura franquista, dentro de España, en momentos en que la mayoría de los artistas que compartían esta posición habían abandonado el país, exiliados o forzados por el propio regimen. Cuadros como “El espíritu catalán”  (1971)  mostraron cómo el artista no necesita recurrir a la propaganda para manifestar la postura crítica de un pueblo oprimido por la dictadura.

El  hombre maduro de convicciones de izquierda dio paso al hombre sabio que pudo encontrar en la mística oriental, notable en sus obras de los 80 realizadas con barnices transparentes, una forma de adecuar sus convicciones a una estética que trasciende los tiempos y las circunstancias. Sus obras calaron hondo en la sensibilidad de muchos creadores en todas partes del mundo, en México especialmente, que siguieron los pasos de su trayectoria como un ejemplo de que el la abstracción podía hablar a la interioridad del humano. El Tàpies maduro fue en ese sentido un pintor existencial, que confrontó al hombre con sus decisiones y su razón de ser.

La muerte y la vida marcaron los polos de su larga carrera, que se inició en los años 40 del siglo XX, y que lo llevaron a explorar la piel y el alma de la creación, ofreciéndonos una lección fundamental para comprender la filosofía del arte:  los pueblos como los individuos trascienden cuando a través de sus creaciones ofrecen formas y símbolos que los acercan en la búsqueda de la utopía.

Descanse en paz Antoni Tàpies.

Antoni Tapies
El Espíritu Catalán, 1971. Óleo sobre madera.

Fecha de publicación: 16.02.2012