Freud: Las Dos Colecciones I/II

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Teresa del Conde

VenusVenus, Roma, S.V ac.
La exposición de pintura figurativa inglesa que, con el título de “La Mirada Fuerte”, se exhibe en el Museo de Arte Moderno, me ha permitido cotejar algunas cuestiones referentes a los pensamientos estéticos de Sigmund Freud, así como también volver a calibrar su ambivalencia ante las artes plásticas de su momento. En la exposición que menciono está bien representado su nieto. Lucian Freud, de quien se dice que es el mejor o el más famoso de los pintores vivientes de la actualidad.

Una anécdota al respecto, que es producto no de algo que alguien me relató, sino de una situación que viví lo es el hecho de que, antes de que se abriera al público el Museo de Freud en Marsfield Gardens (cuando todavía vivía Anna Freud), hice una cita con ella para visitar la mansión, que ya estaba, en cierto modo, debidamente museografiada. Miss Freud no se encontraba cuando realicé mi visita, se había tomado unos días de descanso en Middlands, pero dejó dicho a Paula Fichtl, su fiel asistente doméstica desde antes del exilio, que me atendiera y me mostrara la colección, que vi detenidamente, recordando a la vez todo lo que sobre la misma había leído. Por entonces yo preparaba mi tesis doctoral, que versó sobre Freud y la estética, y que después la editorial Grijalvo publicó. Esto que escribo ahora no quedó anotado en el libro. Le pregunté a Paula Fichtl, cuyo inglés era bastante bueno, si Miss Freud conocía la obra de su sobrino y si lo frecuentaba a menudo. Ella me contestó literalmente que “eso era asunto prohibido”, jamás se hablaba ahí de Lucian Freud, que gozaba ya de amplio reconocimiento, sobre todo en Inglaterra, dado que la fortuna en crítica le acompañó desde que comenzó a darse a conocer.

Lucian FreudLucian FreudLucian Freud

Cuando Freud murió en Londres el 23 de septiembre de 1939 a los 84 años de edad, recién iniciada la Segunda Guerra Mundial, su nieto se encontraba ya firmemente asentado en los terrenos del arte y se preparaba en escuelas e institutos, así como con ciertos maestros particulares (uno por cierto era eminente botánico) para ser pintor y grabador. Tenía 17 años y sus padres no se oponían a su elección. Sus padres habían previsto la inminente persecución judía antes del Ancluss de Viena. Vivían en Berlín, donde nacieron sus tres hijos, y se trasladaron a Inglaterra en 1933. En Inglaterra no hubo racismo, como lo hubo en prácticamente todas las ciudades Europeas, salvo quizá en Ámsterdam, dónde se recluyó Max Beckmann, destituido de su cátedra en Francfort debido a su ascendencia judía, con todo y que había sido invitado a revivirla en los EEUU. Sin embargo, Beckmann no pudo realizar el viaje debido a la guerra, quedándose en Ámsterdam hasta 1947.

Ernst Freud y su mujer Lucy (de ella tomó su nombre Lucian, el menor de los tres hijos de la pareja) fueron agentes indispensables en la movilización de sus padres, su tía Minna, su hermana Anna, la empleada doméstica Paula, los perros que Freud poseía, para el traslado de Viena a Londres, pasando por París. La movilización de la colección completa se debió a los inteligentes oficios de la princesa Marie Bonaparte, una de las más cercanas discípulas de Freud y amiga de Anna, que se había preparado como psicoterapeuta de niños y que era, según las palabras de su padre, “su Electra”.

Miss Freud nunca se casó, ejerció su profesión y dejó unos 11 volúmenes que contienen sus trabajos. Fue agente importantísima en la configuración de la Sociedad Psicoanalítica Internacional y revisora acuciosa de la biografía en tres tomos que escribió otro de los más preclaros y fieles discípulos de Freud: el Dr. Ernst Jones, que, entre otras cosas, era especialista en Shakespeare, como también lo fue Freud, quien a su vez aprendió a leer castellano con el objeto de fundar una “academia Cervantina” dedicada a estudiar exclusivamente El Quijote. Dicha “academia” comprendía sólo a dos socios fundadores que terminaron por ser socios únicos.

En efecto: Freud persuadió (con el alto poder persuasivo que lo caracterizó) a un amigo suyo a adentrarse en el estudio del castellano sólo para leer el Quijote en la lengua original. La academia contó hasta con un logotipo y terminado el propósito, se disolvió.

La nuera predilecta de Martha Bernays era Lucy, a quien llamaban Lux por ser no sólo muy lúcida, sino, además, muy hermosa. Las visitas del matrimonio a Marsfield Gardens fueron continuas, casi convivían... y además Freud adoraba a sus nietos, le fascinaba que le tomaran fotos con ellos y los atendía todo el tiempo que podía. Eso no es raro: para alguien que había postulado la sexualidad infantil, escandalizando a muchos especialistas (pues la niñez es “la edad de la inocencia” y no se entendía que la inocencia precisamente conlleva buenas dosis de libido y por tanto de sexualidad) el campo de observación de los niños, desde su nacimiento, sin conllevar la atención directa de ellos, pues eso quedaba a cargo de sus padres, debe haberle resultado fascinante, aparte del afecto natural que les dispensaba. Años antes, ya enfermo del cáncer que terminó con su vida, había hecho un viaje especial a Berlín “para conocer a sus tres nietos”, los hijos de Ernst y de Lucy. No dejó nada escrito sobre Lucian, como sí lo hizo sobre Heinerle, el hijito de Sofía, cuya muerte siguió a la de ésta, víctima de la misma epidemia de influenza que privó de la vida a Egon Schiele, coetáneo de Sofía (ambos de 28 años cuando murieron).

escritorioEscritorio de Sigmund Freud

escultura egipciaEscultura de origen Egipcio Euan UglowEuan Uglow.

Puedo deducir entonces que Freud supo de la vocación de su nieto Lucian. Sin embargo, no sabemos si la aprobó o no. Lo que sí sabemos es que Anna no “comulgó” con su sobrino, tal y como se desprende de las palabras de Paula Fichtl.

¿Por qué sucedió eso?, digamos por una parte que la vida bohemia de Lucian no ha sido exactamente un modelo de las virtudes domésticas y la fidelidad conyugal requeridas por el staff Freud-Bernays. Además de eso, el desnudo en su obra, entregado con un realismo que puede parecer descarnado a fuerza de ser carnoso, debe haber asustado no poco a su casta tía, que parece haber tomado demasiado en serio la vinculación que definitivamente realiza Sigmund Freud entre creatividad y neurosis. Los artistas, dijo, reúnen condiciones que les permiten llegar a armonizar la realidad con las exigencias de su fantasía; poseen “sensibilidad para percibir los movimientos anímicos y valor para dejar hablar en voz alta su propio inconsciente”.

William CondstableWilliam Condstable;
Desnudo sentado.

Este comentario, evidentemente laudatorio, conlleva una cierta dosis de ambivalencia, pues no siempre es conveniente, según el propio Freud, dejar hablar al inconsciente tal cual; por esto continuamente habla de la necesidad de “suavizar” cuando se refiere a las producciones plásticas: “el artista se encuentra ligado a la condición de provocar un placer estético e intelectual, a más de ciertos efectos sentimentales y en consecuencia no puede presentar la realidad tal y como se le ofrece... se ve obligado a excluir de la totalidad todos los elementos indeseables, a incluir otros que complementan al conjunto y a mitigar y suavizar las asperezas del mismo...”

Lo de los efectos sentimentales, pienso yo, tiene más que ver con una estética convencional, que con la realidad anímica del artista. La meta del artista no es representar la realidad tal cuál, sino en el caso del realismo, acentuarla al máximo “más real que lo real”, le escuché decir al joven pintor Alejandro Goldberg, quien estuvo copiando en la sala del MAM, donde se encontraba la exposición inglesa, uno de los más interesantes y a la vez “abstractos” desnudos del pintor Euan Uglow. El deseo que provoca esa pintura es un resultado precisamente de su “realismo” dotado paradójicamente de esas altas dosis de abstracción que lo hacen ser “más real” como pintura, no como “presencia” de una mujer desnuda, tendida en un plano, con una pierna flexionada y semidormida. La mujer está re-presentada, vuelta a presentar, y si bien es cierto que este pintor, al igual que Lucian Freud, trabaja siempre con modelo vivo, sus intenciones están lejos de ofrecer una especie de reproducción de la mujer, a la manera del Hiperrealismo Fotográfico.

Freud adoraba ir a ver la Venus de Milo al Louvre. Como médico que fue, tuvo que vérselas con cuerpos bisectados, pero nunca tuvo oportunidad de ver tendida frente a él a una hermosa mujer desnuda a la que se podía acariciar con la espátula o con los pinceles y, quizá también, de otro modo, como ocurre con las series de Picasso de “el artista y su modelo”, y como también ha ocurrido con Lucian Freud (se dice que la mayoría de sus modelos femeninas han sido sus amantes) y como igualmente sucedió con Francis Bacon, amigo “non sancto” de Lucian Freud, sólo que lo que éste hacía con muchachas, aquél lo hacía con hombres, siguiendo abiertamente sus predilecciones sexuales, cosa que nunca hubiera hecho Freud, que en ese sentido era neoplatónico.

Francis BaconFrancis Bacon.

 Antiguo Colegio de San Idelfonso
  Freud Coleccionista

 

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Fecha de publicación:20.11.2000