Monumenta o siete formas de resistencia

Replica21

Rocío Cerón

Minerva CuevasDespués de la guerra -hablo de cualquier guerra- se abre un espacio de olvido. Como si nada hubiese sucedido. Como si las personas, quizá en un franco deseo de colocación, de encontrar un sitio menos doloroso, voltearán la mirada. Pero al cabo del tiempo la memoria sobreviene. Y todo regresa. Entonces se discute, se reflexiona. Se ejecutan las ideas para volverlas acciones, leyes. Sin embargo, en todo ese movimiento hay un hueco histórico (unas veces más hondo, otras apenas visible) como una peste: ignorar la presencia, y el puño, de las mujeres que estuvieron en la guerra. Se espera que dejen las armas (sobre todo las más letales: las del pensamiento), que dejen la resistencia. Se quiere que vuelvan a su rol de seres pacíficos e indefensos. Se requiere que la Institución se haga cargo de ellas (como si ellas fueran discapacitadas). Ejemplo de ello ha sido el vacío de grandes mujeres dentro de la historiografía de la resistencia (apenas a mediados del siglo XX se comienza a ver una "nueva" historia con mujeres luchando en ella). Se dirá que no considero TODO lo que se ha rescatado de estas mujeres. No, no lo olvido. E insisto: después de la guerra hay un olvido de las mujeres, y el sentido de su presencia, de su lucha. Pero el asunto no sólo es saber de sus historias o crear leyes para defender a las mujeres. No sólo eso. Es necesario seguir en pie de resistencia ante el olvido, ante la abstracción (¿de qué sirve tener leyes "protectoras" si no se cumplen?) de leyes y regulaciones sociales que "amparan- cuidan- protegen- otorgan igualdad"; mandatos patriarcales más que mandatos de igualdad (¿por qué es necesario hacer la diferenciación entre mujeres y hombres?, ¿por qué hay que luchar por leyes para las mujeres y no para las personas?, ¿por qué luchar por la diferencia y no por un Estado consciente de las igualdades para con hombres y mujeres respetando al mismo tiempo las diferencias esenciales de cada quien?) que dividen más que enlazan. Resistir porque es necesario no enunciar sólo la libertad sino accionarla, hacerla hecho cotidiano.

Monica CastilloMónica Castillo.

Aquí entra Monumenta, una exposición-intervención urbana donde siete artistas mexicanas de distintas generaciones (Maris Bustamante, Mónica Mayer, Mónica Castillo, Lorena Wolffer, Verena Grimm, Minerva Cuevas y Fabiola Torres-Alzaga) exploraron-intervinieron monumentos (casi todos sobre la céntrica avenida Paseo de la   Reforma) con representaciones femeninas en una suerte de resistencia discursiva a través de las imágenes del imaginario colectivo. Proyecto curado por Naomí Rincón Gallardo y Sofía Olascoaga, para conmemorar el 8 de marzo, Día de la Mujer, la idea de Monumenta fue la intervención simbólica de estos monumentos que se encuentran dentro de las mentes de los habitantes de ciudad de México para hacerlos reflexionar sobre la condición de las mujeres vista desde puntos de vista divergentes. La idea original era montar estructuras alrededor de los monumentos seleccionados, a manera de andamiajes de restauración, en los cuales colocar lonas con las imágenes trabajadas de las artistas que estuvieran al frente. Esto no fue realizado así. El proyecto también contó con otras tres vías expansivas de difusión: la pega de mil carteles con las imágenes resultantes del trabajo de las artistas en líneas del metro, museos y casas de cultura delegacionales por un periodo de una semana; la distribución de mil juegos de postales en eventos relacionados al Día de la Mujer y el envío masivo vía Internet de las 7 propuestas visuales-intervenciones simbólicas de las artistas. Lo que resultó, al final del día, fue una intervención "líquida" en los monumentos donde las lonas con las imágenes de las artistas fueron colocadas amarradas a árboles, a postes, a los lados, de cerca pero sólo en un monumento frente a éste (el caso de cenotafio de La Corregidora, heroína de la Independencia, de Fabiola Torres-Alzaga).

Si el proyecto tiene un punto de fortaleza no fue este; la gran oportunidad de realmente lograr que la ciudadanía se encontrará de pronto, en un alto, con la imagen propuesta por Minerva Cuevas de un Ángel de la Independencia (símbolo de la ciudad de México) cubierto con una bandera negra con la palabra DIGNA, ahí, justo en el sitio mismo donde se levanta el monumento, quedó para "mejor vida..." De la misma manera me pregunto que pensaría un señor ejecutivo de camino a su oficina si se hubiera encontrado en lugar de sólo a la cachonda de la Diana Cazadora la lona de Mónica Mayer con una imagen de la diosa envuelta con la pregunta: " ¿No te parece raro que las principales esculturas de mujeres sobre Reforma seamos figuras míticas y con poca ropa? EXIJO IGUALDAD, que nos acompañen un Adonis y un David o que Cuauhtémoc se desvista." Enclaves de humor que hacen reír pero también pensar en la desigualdad de desnudos y representaciones (el sexo masculino en la ciudad de México, es Monica Mayerverdad, está muy, muy vestido y tapadito...) ¿La razón de este fallo mayor en la exposción? La burocracia, y el tiempo corto en que se concretó el proyecto. Así lo dicen las curadoras. Un proyecto que pudo provocar que la ciudad murmurará sobre estas imágenes ("¿Miraste la imagen que cubre a la Malgré tout ? ¿leíste los artículos del Código Penal del Distrito Federal? Ese escultor era un perverso...", refiriéndose a la intervención de Lorena Wolffer) se quedará sólo como una experiencia para aquellos que por azares de una tarde en la que paseaban por la Alameda Central obtuvieron un "paquetito" con las postales. O alguien se las regaló en el Metro o en un evento o en una casa de cultura o se las enviaron por Internet (¿cuán larga será la lista de contactos de la secretaría de Cultura del DF, de las curadoras y las artistas? No creo que llegue a los 20 millones de habitantes que habitan la ciudad de México.) Si sólo se imprimieron mil juegos de postales para repartir entre la ciudadanía, esto no representa siquiera el 00.05 por ciento. Es decir, un proyecto que prometía realmente un acto de resistencia, de intervención urbana, de acción pública, acto donde el lema era "Lo personal es político" se quedó en una esfera "simbólica". ¿Por qué a las autoridades de esta ciudad (o a las de Guadalajara; recordemos el evento "hula-hula" sobre los Niños Héroes que terminó en la destitución del coordinador de arte de la Secretaría de Cultura) les da tanto miedo que los "monumentos" sean tomados? Una cosa es pasearse por la avenida Reforma viendo ( domingueando ) entre una anodina muestra de sillas escultóricas formalistas, otra, muy otra, es que las siete artistas de Monumenta hubieran realmente INTERVENIDO con sus imágenes (a manera de declaración política, personal, estética y artística) dichas piezas públicas. Eso hubiera sido, insisto, no sólo enunciar la libertad (resistencia) sino accionarla, hacerla hecho cotidiano.

Verena GrimmPero vayamos a la parte medular de Monumenta , las "intervenciones simbólicas" -imágenes resultantes de las artistas. La pieza de Mónica Mayer tiene en el humor su mejor arma, una muestra de arte incisivo en el contexto social sin necesidad de grandes fuegos artificiales de photoshop (de hecho, carece de gran fuerza visual, su riqueza es el texto y lo que enuncia). Por otro lado, su ex compañera en aquel grupo feminista de los 80 Polvo de gallina negra, la doctora en formas pias -profesional no objetual del tipo neopostransconceptualista estridente Maris Bustamante, nos entrega una imagen donde Venús está siendo apenas tocada por una deidad (la artista) que, a manera del Dios de la "Creación de Adán" de Miguel Angel está creando a una mujer, una diosa. Diosas-mujeres creando diosas-mujeres. Mónica Castillo trabaja con Sor Juana Inés de la Cruz en una imagen en donde desaparece a la poeta de su silla y enuncia lo siguiente "1.- Se sabe que Juana era brillante, bella, talentosa, espiritual y también creativa e ingeniosa; 2.- Nunca sufrió violencia física o emocional por parte de marido o persona alguna, por lo que no tuvo que callarlo o denunciarlo. Tampoco fue encontrada muerta en un terreno baldío." ¿¿¿??? ¿Y sus poemas amorosos y filosóficos que hablan acerca del machismo de la época? ¿Y su "Respuesta a Sor Filotea"? ¿Y cuando fue obligada por su confesor a deshacerse de su biblioteca? Creo que Sor Juana es el primer gran ejemplo histórico de una mujer con ansia de conocimiento y libertad de pensamiento, en nuestro país. Y, perdón, tampoco la suya era una vida de miel sobre hojuelas. Me parece la imagen más pobre y el texto que menos funciona, aunque entiendo la crítica sobre cómo el mundo contemporáneo permite que sucedan, todavía, estos crímenes. Dos de las piezas más logradas son de artistas de la generación nacida en los 70, Lorena Wolffer y Verena Grimm. La pieza de Wolffer es tan directa como evocadora y, al mismo tiempo, terrible. Pone, a manera de blancos, sobre una de las esculturas más vistas de la ciudad, una serie de artículos tomados directamente del Código Penal para el Distrito Federal. Sobre esta mujer atada de manos, a la altura de los muslos la "bala" hiere: Artículo 174. Al que por medio de la violencia física o moral realice cópula con persona de cualquier sexo, se le impondrá prisión de seis a diecisiete años. Una imagen fuerte, impactante donde discurso visual y textual conforman un objeto punzante de denuncia. En la imagen de Verena Grimm, que aborda el Monumento a la Madre, se hace patente una clara crítica a un tema polémico hoy ampliamente controvertido: el aborto. La leyenda debajo de la escultura del monumento reza así "Maris BustamanteMaris Bustamante.A la que nos amó antes de conocernos" a lo que la artista suma: "Porque su maternidad fue voluntaria".   Mientras dos dagas cruzan por el frente y la espalda de la escultura. Hay una sublimación acerca de la maternidad per se en este monumento, más allá de si la madre quiere o no al producto, el discurso de Grimm pone el dedo en la llaga justo encima de este nicho "sagrado" para crear un momento de reflexión. Las otras dos artistas, también nacidas en los 70, Minerva Cuevas y Fabiola Torres-Alzaga tomaron una un icono clásico, el Ángel de la Independencia, para, en la imagen, reventarle la cadena de donde cuelga la balanza de la "Justicia" y colocarle una bandera con la palabra DIGNA (¿será por el caso de Digna Ochoa?). En el caso de Torres-Alzaga, el de La Corregidora, éste se encuentra en pleno proceso de "restauración" y apenas como proyecto para monumento histórico, es decir, apenas esta figura emblemática, en ocasiones olvidada, se comienza a "plantar", así también lo apunta el follaje que propone la artista para cubrir por entero a la figura.

 

En conclusión, Monumenta apunta, enuncia pero no llaga, no hiende públicamente como se esperaría, según los planes originales de las curadoras al colocar las lonas sobre los monumentos. Es un primer intento del cual hay que rescatar su parte contestataria. Habría que decir algo más, en la actualidad la idea de monumentos es totalmente improcedente en cualquier ciudad. Específicamente en México donde por cada monumento dedicado a la memoria de algún prócer femenino no solamente no se corresponde con la magnitud de la represión y de la victimización de lo femenino a través de las leyes y las instituciones patriarcales, sino que además los monumentos ya existentes demuestran la banalidad y vacuidad con la que el "ingenio" masculino intenta reconocer la importancia de lo femenino en la historia y en la vida. Ante ello, Monumenta es apenas un rasguño en esa lápida histórica que todavía nos pesa sobre la conciencia.  

MonumentaLorena Wolfer.

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Fecha de publicación: 06.04.2007