| La
imagen: espejo de ficciones |
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Toda imagen, es decir, las representaciones
gráficas de un objeto determinado, son siempre ficciones
que se presentan como verdaderas. Lo que vemos en una fotografía
por ejemplo, en la mayoría de los casos, no es real, aún
cuando lo haya sido en un momento dado; pasado ese instante, la
imagen es una representación de algo que ya no es. Por
otro lado, también están los nuevos medios y la
tecnología que nos permiten jugar con los conceptos de
verdad y falsedad y han creado una nueva relación con las
imágenes que vemos. “La imagen como registro de identidad
morfológica ha cedido paso a la imagen como demostración
bajo sospecha” (J. Fontcuberta).
La percepción y el procesamiento de la información
son fenómenos esenciales en la elaboración y comprensión
de una imagen. El espectador selecciona los aspectos que considera
más relevantes en función del contexto en que
se encuentra y procesa la información aplicando los esquemas
conceptuales de que dispone.
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Joan Fontcuberta.
Sense Títol, 1972 |
El exceso de información,
nos lleva a seleccionar de una manera defensiva y, en ocasiones,
inconsciente, aquellos datos que nos son significativos por alguna
razón particular, recordamos las imágenes que nos
impactan y olvidamos el resto. Sin embargo, también sucede,
que somos receptores de mensajes que no estábamos esperando,
incluso, que no queremos recibir, pero que se graban en nuestra
memoria y se incorporan a nuestros recuerdos. Estamos inmersos
en una guerra de estímulos, pero paradójicamente,
esta sobreexposición visual, en lugar de provocar una reacción
de rechazo, nos está convirtiendo en una especie de adictos
a la información y sobre todo, a las imágenes.
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Misha Gordin. De la serie Crowd |
El culto a la imagen se manifiesta hoy en día en todos
los medios y somos cada vez más dependientes de los estímulos
visuales para entender y comprender el mundo que habitamos, tanto
como para expresarnos y comunicarnos. Es como si el lenguaje hablado
ya no fuera suficiente y requerimos de una representación
gráfica para completar nuestros mensajes. Lo visual, por
no hablar ninguna lengua, las habla todas, borra las diferencias
lingüísticas y comunica de manera inmediata una idea.
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El lenguaje (hablado-escrito) es lo que nos permite, en primer
lugar, desarrollar la capacidad de abstracción para conceptualizar
el mundo. Sin lenguaje no existe el pensamiento y sin lenguaje
no existe la comunicación. La atribución de rótulos
o nombres a las cosas es una de las principales finalidades
del lenguaje y es lo que permite en última instancia
el intercambio de ideas. Sin embargo el lenguaje de las imágenes
nos facilita el reconocimiento visual que nos ubica dentro de
un contexto determinado, nos ayuda a reconocernos y ubicarnos
dentro de ese mundo conceptualizado. Tal vez una de las referencias
más claras de este re-conocimiento por medio de la imagen
es la historia de Narciso, aquel joven de extrema belleza que
queda embelesado de sí mismo al ver su imagen reflejada
en el agua. Aún cuando esa imagen no es lo real, no es
la persona sino sólo un reflejo, es lo que hace constatar
una verdad; el reflejo que Narciso ve en el agua lo hace consciente
de su propia imagen y provoca en él un intenso placer
del que no podrá desprenderse jamás.
Este embelesamiento por la imagen podría ser similar
a lo que nos ocurre en la actualidad. El placer y el estímulo
de los sentidos se han convertido en los valores dominantes
de la vida corriente. Esta especie de hedonismo visual nos está
llevando a la búsqueda cada vez más intensa de
estímulos, al margen de toda moralidad o normatividad
cultural. Hoy en día ya nadie defiende el orden y la
tradición, pero por la misma razón, a nadie le
interesa ya transgredir esos códigos morales, violentarlos
o reaccionar ante ellos. Existen, pero no importan, estamos
al margen de ellos, lo importante es ir hacia adelante, en una
especie de espiral extremista, buscando el refinamiento del
detalle por el detalle, el hiperrealismo de la violencia sin
otro objetivo que la estupefacción de los sentidos y
las sensaciones instantáneas; es la cultura de la violencia
revelada.
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Fran Herbello
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Los medios publicitarios han reconocido este valor
y nos bombardean intensamente con una cantidad de imágenes
que saturan nuestros sentidos hasta el hartazgo. Hoy, la publicidad
es la dueña casi absoluta de la comunicación visual.
La publicidad alimenta nuestra adicción a la imagen. Promueve
la satisfacción personal de “ser diferente”
al tiempo que nos categoriza en grupos y nos masifica; juega con
los fantasmas de la intimidad y las fantasías eróticas
y nos encamina hacia una conducta determinada. El erotismo ha
sido utilizado como la herramienta principal de persuación
publicitaria, sin embargo, en los últimos años hemos
visto como la publicidad ha recurrido a imágenes y mensajes
de evocaciones muy distintas a la erótica.
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En 1992 Oliverio Toscani, el famoso
fotógrafo responsable de las campañas publicitarias
de Benetton, inicia la nueva campaña “The shock of
reality” , con un espectacular montado en la ciudad de Franckfurt,
en el que presenta una fotografía de un joven muerto por
causa del sida, abrazado por su padre, rodeado por las lágrimas
de su madre y su hermana pequeña. La publicidad de Benetton
se convirtió en tema de debate social en decenas de países.
Algunas revistas, hecho sin precedentes, se negaron a publicar
el anuncio y publicaron la doble página en blanco, en señal
de protesta.
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Oliverio Toscani. Aids, 1992
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Pero, independientemente de los cuestionamientos que provocó
como campaña publicitaria, la utilización de estas
imágenes tan fuertes podía verse como una manera
atrevida de hacer público un mensaje que, en esos años,
los medios no se atrevían a tratar tan abiertamente.
Sin embargo, no deja de ser violenta la idea de vender ropa
utilizando el impacto emocional que la imagen provoca en el
espectador.
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Kevin Carter, 1994
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En este mismo terreno, pero en una reacción a la inversa,
está el caso de otro espléndido fotógrafo,
Kevin Carter, quien en 1994 ganó el premio Pulitzer de
fotoperiodismo con una fotografía tomada en en la aldea
sudanesa de Ayod de una pequeña niña, absolutamente
desnutrida, recostada en medio del desierto a punto de morir,
mientras a lo lejos se ve la figura de un buitre, que la observa
intensamente y sólo está esperando ese momento.
Carter declaró que aborrecía esa fotografía
y que se avergonzaba de sí mismo. David Suárez
escribió: “El encuadre de Kevin Carter es el mismo
que el del ave de rapiña que espera impaciente la muerte
del niño. Son dos testigos de una misma agonía:
para el buitre, el plato a devorar; para el fotógrafo,
es la imagen maldita de la muerte del hombre, de todos los hombres”.
El fotógrafo se quitó la vida 4 meses después
de recibir el premio. |
La condición de ser testigo de los acontecimientos y
hacerlo público, es un medio para enfrentar la verdad,
constituye una toma de posición ante la vida, con sus
miserias y metáforas. El problema estriba entonces, en
el uso que se le da las imágenes que presentan estos
hechos y qué objetivos se persiguen. Por un lado tenemos
a Toscani que con sus fotografías respalda una campaña
publicitaria y por el otro la fotografía de Carter que
pareciera ser el detonante de su dramático suicidio.
Es evidente que las imágenes pueden ser demasiado poderosas.
Las imágenes nos seducen, provocan tensión, ambigüedad,
placer, angustia o emoción. Es imposible sustraernos
del impacto y es imposible no responder emotivamente. Afectan
nuestras relaciones con el mundo e invaden el espacio de lo
público y lo privado.
En el acto de mirar, somos convocados por una imagen que nos
deslumbra. El mirar se origina desde el exterior y nos invade
en el interior. En el espectáculo del mundo miramos y
somos mirados. La inmediatez de su mensaje nos llega rápida,
instantánea y fugazmente, pero si hay comprensión,
ahí se queda. No podemos abstenernos de mirar, y ante
la imagen, tenemos la posibilidad de asumir diversas actitudes,
podemos simplemente verla, podemos poner en juego la mirada
plena y pensar, podemos fascinarnos y dejarnos llevar por los
sentidos o podemos ignorarla.
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Tetsuya Tamano
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Lo cierto es que estamos al centro de un bombardeo
visual, el vértigo de la imagen no se va a detener y nuestros
ojos se hacen omnividentes, capaces de verlo todo para producir
un goce que responde, hoy en día, a una misma estética:
la del consumo.

Misha Gordin. De la serie Crowd
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