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Ocho pasos para entender la Melancolía
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La exposición Melancolía,
genio y locura en Occidente que permanecerá abierta hasta
enero de 2006, en las galerías de El Gran Palacio
en París, hace un recorrido cronológico separado en
ocho secciones y a través de doscientas cincuenta obras, por
la representación iconográfica más relevante
de esta figura alegórica a lo largo de más de veinte
siglos. |

Estela: La exaltación
de la flor
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El tema de la melancolía
ha ocupado la atención de filósofos, médicos
y artistas desde tiempos inmemoriales. Esto se comprende por el
misterio que guarda desde su propia definición, ambivalente
y fascinante, que se refiere por un lado a un estado de humor corporal
que se produce por la excreción de un líquido viscoso,
negro y nauseabundo, pero por otro lado nos refiere a un estado
del alma que exalta los sentidos y que emana una genialidad que
linda con la locura, además de ser considerada como una célebre
maldición que surge del planeta Saturno, el opuesto absoluto
de Júpiter, denominada La Enfermedad Sagrada.
La melancolía o bilis negra (del griego melas =
negro, y xolias = humor) en su origen se refería
a uno de los cuatro humores producidos por el cuerpo humano: sangre,
bilis amarilla, flema y bilis negra. Cada uno de ellos provoca un
temperamento particular con características específicas
y que se combinan para determinar los estados de salud y enfermedad
del cuerpo y el alma. De esta forma, un sujeto podía ser
sanguíneo, colérico, flemático o melancólico,
según el humor correspondiente dominante en su temperamento.
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Encontramos así, en la teoría de los cuatro humores
cardinales de Hipócrates y de Galeno, los cuatro elementos,
las cuatro estaciones y las cuatro principales edades de la vida
humana:
| Sangre |
Aire |
Primavera |
Infancia |
| Bilis Amarilla |
Fuego |
Verano |
Adolescencia |
| Bilis Negra |
Tierra |
Otoño |
Edad Adulta |
| Flema |
Agua |
Invierno |
Vejez |
Tanto Platón como Aristóteles distinguieron dentro
del amplio campo de la melancolía dos formas diferentes
de euforia y depresión. El primero separa la "manía
divina" de la manía patológica (del "loco
exaltado"), mientras el segundo separa la melancolía
de los genios de la melancolía como enfermedad (allí
donde la bilis se enfría), sin desconocer el hecho que
pueden existir individuos en los cuales la melancolía genial
se transforma en enfermedad propiamente dicha.
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Domenico Fetti
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Lucas Cranach El Viejo |
Vista como enfermedad,
la melancolía esta inminentemente asociada a la tristeza,
depresión, angustia y locura. Desde el Problema XXX atribuido
dudosamente a Aristóteles, se consideraba que las manifestaciones
de los melancólicos se dan siempre bajo estados distintos
a la conciencia normal, en estados de éxtasis o locura. En
la edad media, era atribuido a la presencia del demonio y comprendido
como un pecado, por su estrecho vínculo con la acedia (o
acidia), uno de los pecados capitales y que era entendida como una
penosa incapacidad de reconnocer la bondad del mundo y el hombre.
La presencia del componente negro (bilis negra) está asociada
a los afectados por este mal hasta el Renacimiento. Sin embargo
hasta 1819, cuando el médico Jean Etienne Esquirol la define
como una manía, es cuando realmente empieza a ser
estudiada y tratada como una enfermedad psiquiátrica. Freud
en su estudio Duelo y Melancolía, reconoce que el
origen de “este mal” es producido básicamente
por una pérdida desconocida.
Aún así, el prestigio de este estado de perturbación
del alma se debe a su inminente asociación con la creatividad,
o más precisamente con la genialidad: "Los melancólicos
son de naturaleza seria y están dotados para la creación
espiritual" (Problema XXX, i). Asimismo, encontramos
que en las notas de Marsilio Ficino (1433) define a la bilis negra
como un impulso del alma que busca el centro de las cosas singulares
y la eleva hasta la comprensión de las cosas más elevadas.
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| Esta pardójica dualidad ha hecho que la melancolía
siga siendo objeto de estudio y atención. Aún dentro
de su concepción moderna conocida como Depresión,
se sigue reconociendo ese misterio que la hace un tanto incomprensible.
La iconografía del tema es inagotable y por ello no es sorprendente
que el arte haya sido uno de los principales frentes de exposición
del concido Mal de Saturno. |
Los Ocho Pasos
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“No sé por qué
razón pero todos los que han sobresalido en filosofía,
la política, la poesía o las artes eran manifiestamente
melancólicos…”
Aristóteles |
La primera sección de la exhibición nos remite
al más remoto origen del tema: La Antigüedad.
La sala abre con esta cita de Aristóteles y muestra tres
excelentes ánforas griegas que muestran la muerte de Ajax,
a Penélope tejiendo y destejiendo, y las tareas de Hércules.
La selección de estas obras es bien pensada y exacta, Aristóteles
menciona como ejemplos de caracteres "melancólicos"
y, al mismo tiempo geniales, de personajes como Hércules,
Ajax y Belerofonte.
En la primera sala destaca una lápida funeraria del Templo
de las Musas en Atenas, que muestra a un resignado hombre
frente a una devastadora ola que ha arrasado con todo. En el centro
de la sala, se presenta una pequeña estatua de bronce que
enseña el arquetipo del melancólico sentado con
la mano en la mejilla, representación clave de la actitud
provocada por el ya mencionado humor de bilis negra.
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Escultura romana
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Martin Schongauer |
La segunda sala lleva
el título de La Piscina del Diablo: La Edad Media,
en este periodo, la divinidad y el temor al diablo serán
los móviles principales de representación iconográfica.
El antropólogo Roger Bartra sugiere que en esta época
el tema de la melancolía era fundamental por un motivo conocido:
los exorcistas de la Iglesia católica debían aprender
a distinguir la melancolía de las manifestaciones de la posesión
demoniaca.
“ Se trataba de un problema candente y práctico,
pues en una época en que las persecuciones de brujas se
extendían por todo Europa, los exorcistas acudían
a veces a la medicina para reconocer señales satánicas
en quienes eran afectados por síntomas que podían
ser producidos por el morbo melancólico. El problema así
planteado, además, se conectaba evidentemente con la antigua
idea aristotélica de la relación entre el genio
y la melancolía, lo que contribuía a darle un aura
de extraordinario aunque misterioso atractivo.” (“Melancolía
y cultura” 1997)
En esta sala encontramos pinturas de el Bosco, Martín Schongauer
y Lucas Cranach el Viejo. La tentación, la pereza, el desorden
del espíritu y los aires de Reforma en la Iglesia dieron
lugar a imágenes melancólicas de luto y aflicción. |
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En el tercer salón nos encontramos con Los hijos de Saturno:
El Renacimiento. Periodo en que se reinventa el significado
de la melancolía, dotándola de un sentido de heroicidad
espiritual y locura divina. Esta sala presenta obras de artistas
como Hans Baldung-Grien, Giuseppe Arcimboldo y Nicolas de Leyde,
y está coronada con el grabado de Durero Melancolía
I al que Erwin Panofsky dedicó un ensayo clave en 1923.
Éste, es el tercero de tres importantes grabados dedicados
al tema y realizados entre 1513 y 14 (El caballero, la muerte
y el diablo y La celda de san Jerónimo, son
los otros dos).
Esta grabado es fundamental, ya que en él se resumen, con
una gran maestría de trazo y proporción, todos los
símbolos que hasta ese momento habían sido asociados
con la idea de melancolía: desde la corona aparentemente
de laureles de la mujer-ángel que apoyada sobre el puño
izquierdo, lleva un compás en la mano derecha y en la cintura
porta una bolsa bien provista, símbolo de la riqueza mercantil
de los melancólicos. El personaje está a medio cubrir
por los pliegues bajos del vestido, donde se percibe el extremo
de un enema, objeto que simboliza el lado excremental de la melancolía.
A sus pies están los útiles del artesano-geómetra,
un tintero, una esfera, una escuadra, un cepillo, una sierra, una
regla y algunos clavos. El sol negro que ilumina el cielo se ve
además ceñido por el círculo de Saturno, el
señor de los anillos, el planeta anal. Además de algunos
otros elementos comunes en los tres grabados como el reloj de arena
y el perro. |

Alberto Durero
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La cuarta parte de la exposición se titula
Anatomía de la Melancolía, en honor
a la obra fundamental de Robert Burton escrita en 1621, e ilustrada
por Guercino. En este periodo se marca la pauta de interpretación
médica posterior del tema de la melancolía.

Philippe de Champaigne
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Valentin de Boulogne
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Es patente que en este periodo, en el campo del arte, la melancolía
pierde algo de su sentido mágico y la representación
iconográfica se reduce a la imagen de una mujer sentada con
la cabeza apoyada sobre la mano izquierda en acción meditativa
o bien a la representación de personajes religiosos característicamente
melancólicos como San Jerónimo o Magdalena. En esta
sala se encuentran obras de: Domenico Fetti, Valentin de Boulogne,
Michael Sweerts, y Nicolas Poussin. |
La quinta sección Las luces y las sombras en el
siglo XVIII describe como la melancolía se comienza
a enmarcar en el ámbito de la locura, como una enfermedad
del espíritu. El tema de la bilis negra comienza a ser
tratado desde la razón y se reconoce como un territorio
que posteriormente se definirá como “procesos de
interiorización” o “ensimismamiento”.
La melancolía burguesa del siglo de XVIII llega a ser un
malestar general, una forma de vida. Su decorado es la Naturaleza
y la Soledad que le permite al sujeto reconcerse a sí mismo
dentro del mundo y reconcer su individualidad.
Aquí encontramos obras de Watteau y Giovanni Battista,
destacando la presencia de Goya como un representante importante
en el marco de este periodo. Este artista particularmente se interesó
por el tema de la melancolía y los cuatro temperamentos,
dedicó innumerables obras al tratamiento de la simbología
y caracterizaciones del Mal del Siglo como lo definió
Diderot, entre las que se encuentran la famosa representación,
ausente en esta exposición, de Saturno devorando a
un hijo (obra que pertenece a la colección del Museo
del Prado y que suponemos es imposible de obtener en préstamo)
con la imagen negra y fatalista de Saturno y el centro neurálgico
de obras posteriores de este artista.
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Francisco de Goya
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Caspar David Friedrich |
En el sexto paso llegamos a La
Muerte de Dios: El Romanticismo. En esta época se
nota como la melancolía deja de ser un emblema y ya no es tratada
como sujeto de estudio como tal. La pérdida de la fe y el desconsuelo
de las circunstancias trágicas de la situación mundial
vuleven la atención del individuo hacia el mundo exterior,
más que al sujeto individual. Entre las obras representativas
de esta sala destaca una versión de La muerte de Sardanápalo
de Delacroix y las obras de Caspar David Friedrich, eminente representante
del arte romántico. |
Para el Siglo XIX la muestra se presenta con el
título de La Naturalización de la Melancolía.
En esta sección, quizá en parte por el cansancio
(hasta este momento en ninguna sala hay un espacio para un descanso)
la exposición parece declinar un poco, comienza a ser confusa
y la selección de las obras ya no es tan ajustada. Las
obras parecen ser más representativas de la locura, más
que de la melancolía. Encontramos uno de los retratos de
Van Gogh, un loco y melancólico por excelencia, además
de obras de Franz Xaver Messerschmidt y Thomas Eakins.
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Vincent van Gogh
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La entrada de la sala del siglo XX, representa
con exactitud el título de esta sección: La
Angustia de la Historia, con la presencia del fotógrafo
español David Nebreda que presenta tres autortretratos brutales
y conmovedores de una introspección personal dentro de un
discurso casi obsceno y completamente desmoralizador. A esto le
sigue una mezcla un poco extraña de obras de artistas contemporáneos,
desde Hopper, Sironi, Picasso, Mueck y Dix. Aquí sobresale
una pintura melancólica por excelencia: uno de los últimos
autorretratos de Zoran Music, donde una figura reclinada se disuelve
en una plomiza licuidad del gris.

David Nebreda |
| En todas las colecciones que pretenden abarcar un
tema, siempre hay ausencias y sobrantes, no es posible abarcarlo todo,
presentarlo todo y mucho menos cuando se trata de un tema tan complejo
e ilimitado como la melancolía. Sin embargo sí siento
la inquietud de preguntar por qué se abordó de forma
tan limitada la segunda mitad del siglo XX. Es notable la ausencia
del pop, el minimal y el arte conceptual. Una de las pocas obras incluidas
de este periodo que es destacable, quizá sobre todo por su
tamaño y realismo, es una escultura de Ron Mueck que presenta
una de sus gigantescas figuras, esta vez es la de un hombre mayor,
grande y gordo de mirada penetrante, que está sentado en la
esquina de la sala. Esta pieza es tan real que cuando uno le está
mirando los ojos al sujeto, juraría que puede percibir como
el resto del cuerpo se está moviendo ligerísimamente
con ese ritmo natural que marca la respiración de un ser viviente. |

Ron Mueck
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| Hoy en día la melancolía sigue siendo
un mal común, que no ha resuelto ni el psicoanálisis
ni el Prozac. Pero hay que entender que ya no puede ser vista desde
el ánimo de la bilis negra y mucho menos como un mal demoníaco
o de insanidad mental. Hay que entenderla como un estado de sensibilidad
refinada. El melancólico moderno siente una suerte de repulsión
hacia los asuntos mundanos y se siente inclinado por aquello que
lo sobrepasa. Por ello, se ve a sí mismo como algo inferior,
y no encuentra consuelo en ni en sí mismo, ni en los demás
y mucho menos en el mundo que lo rodea.
Melancolía, genio y locura en Occidente, si bien
tiene algunas carencias o sobrantes es una de las selecciones más
claras y bien documentadas que nos permiten comprender no sólo
el tema de la melancolía sino hasta el nivel de las reflexiones
del hombre en torno a su naturaleza individual y social. |

Edward Hopper
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Zoran Music
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Encontrado en Farsal
Fragmento de estela llamado "La exaltación de la flor
" o estela de Farsal, Entre 470-460 aC.
Mármol, 56,5 x 67 x 15 cm
Domenico Fetti
La Melancolía, 1614 ?
Óleo sobre tela, 172,5 x 128,2 cm
Lucas Cranach el Viejo
La Melancolía, 1532
Óleo sobre madera, 76,5 x 56 cm
Obra Romana
Ajax
Obra romana de inicios de la época de Augusto , Asia Menor
Bronce, 29 x 33 x 7,7 cm
Martin Schongauer
San Antonio atormentado por los demonios
Entre 1470- 1473
Grabado, 31,2 x 23 cm
Alberto Durero
Melancolía I, 1514
Grabado a buril, 24 x 18,9 cm
Philippe de Champaigne
(?)
La Vanidad, o alegoría de la vida humana,
Priimera mitad del siglo XVII
Óleo sobre madera, 28,4 x 37,4 cm
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Valentin
de Boulogne
Músicos y soldados, entre 1626
Óleo sobre tela, 155 x 200 cm
Francisco de Goya y Lucientes
Los tiempos, llamada Las Viejas, entre 1808-1812
Óleo sobre tela, 181x125 cm
Caspar David Friedrich
Vista de Arcona al salir la luna, entre 1805-1806
crayón y sépia, 60,9 x 100 cm
Vincent van Gogh
Retrato del Doctor Paul Gachet, 1890
Óleo sobre tela, 68 x 57 cm
David Nebreda
El espejo, la cenizas y el alfa quemado sobre la frente,
1989
El regalo de la madre. El nuevo cuchillo lleva mi nombre,
1989
El rostro cubierto de la más pura sangre, 1989
Fotografía a color sobre papel, 102 x 75 cm
Ron Mueck
Sin título (Hombre gordo), 2000
resina de poliéster pigmentada y fibra de vidrio ,
203,8 x 120,7 x 204,5 cm
Edward Hopper
Mujer al sol, 1961
Óleo sobre tela, 101,92 x 155,58 cm
Zoran Music
El sillón gris, 1998
Óleo sobre tela, 162 x 130 cm
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