Ocho pasos para entender la Melancolía

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Gabriela Galindo

Estela: La exaltación de la florEstela: La exaltación de la flor.

La exposición Melancolía, genio y locura en Occidente que permanecerá abierta hasta enero de 2006, en las galerías de El Gran Palacio en París, hace un recorrido cronológico separado en ocho secciones y a través de doscientas cincuenta obras, por la representación iconográfica más relevante de esta figura alegórica a lo largo de más de veinte siglos.

El tema de la melancolía ha ocupado la atención de filósofos, médicos y artistas desde tiempos inmemoriales. Esto se comprende por el misterio que guarda desde su propia definición, ambivalente y fascinante, que se refiere por un lado a un estado de humor corporal que se produce por la excreción de un líquido viscoso, negro y nauseabundo, pero por otro lado nos refiere a un estado del alma que exalta los sentidos y que emana una genialidad que linda con la locura, además de ser considerada como una célebre maldición que surge del planeta Saturno, el opuesto absoluto de Júpiter, denominada La Enfermedad Sagrada.

La melancolía o bilis negra (del griego melas = negro, y xolias = humor) en su origen se refería a uno de los cuatro humores producidos por el cuerpo humano: sangre, bilis amarilla, flema y bilis negra. Cada uno de ellos provoca un temperamento particular con características específicas y que se combinan para determinar los estados de salud y enfermedad del cuerpo y el alma. De esta forma, un sujeto podía ser sanguíneo, colérico, flemático o melancólico, según el humor correspondiente dominante en su temperamento.

Domenico FettiDomenico Fetti.Encontramos así, en la teoría de los cuatro humores cardinales de Hipócrates y de Galeno, los cuatro elementos, las cuatro estaciones y las cuatro principales edades de la vida humana:

Sangre Aire Primavera Infancia
Bilis Amarilla Fuego Verano Adolescencia
Bilis Negra Tierra Otoño Edad Adulta
Flema Agua Invierno Vejez

Tanto Platón como Aristóteles distinguieron dentro del amplio campo de la melancolía dos formas diferentes de euforia y depresión. El primero separa la "manía divina" de la manía patológica (del "loco exaltado"), mientras el segundo separa la melancolía de los genios de la melancolía como enfermedad (allí donde la bilis se enfría), sin desconocer el hecho que pueden existir individuos en los cuales la melancolía genial se transforma en enfermedad propiamente dicha.

Vista como enfermedad, la melancolía esta inminentemente asociada a la tristeza, depresión, angustia y locura. Desde el Problema XXX atribuido dudosamente a Aristóteles, se consideraba que las manifestaciones de los melancólicos se dan siempre bajo estados distintos a la conciencia normal, en estados de éxtasis o locura. En la edad media, era atribuido a la presencia del demonio y comprendido como un pecado, por su estrecho vínculo con la acedia (o acidia), uno de los pecados capitales y que era entendida como una penosa incapacidad de reconnocer la bondad del mundo y el hombre. La presencia del componente negro (bilis negra) está asociada a los afectados por este mal hasta el Renacimiento. Sin embargo hasta 1819, cuando el médico Jean Etienne Esquirol la define como una manía, es cuando realmente empieza a ser estudiada y tratada como una enfermedad psiquiátrica. Freud en su estudio Duelo y Melancolía, reconoce que el origen de “este mal” es producido básicamente por una pérdida desconocida.

Lucas CranachLucas Cranach El Viejo.

Aún así, el prestigio de este estado de perturbación del alma se debe a su inminente asociación con la creatividad, o más precisamente con la genialidad: "Los melancólicos son de naturaleza seria y están dotados para la creación espiritual" (Problema XXX, i). Asimismo, encontramos que en las notas de Marsilio Ficino (1433) define a la bilis negra como un impulso del alma que busca el centro de las cosas singulares y la eleva hasta la comprensión de las cosas más elevadas.

Esta pardójica dualidad ha hecho que la melancolía siga siendo objeto de estudio y atención. Aún dentro de su concepción moderna conocida como Depresión, se sigue reconociendo ese misterio que la hace un tanto incomprensible. La iconografía del tema es inagotable y por ello no es sorprendente que el arte haya sido uno de los principales frentes de exposición del concido Mal de Saturno.

Los Ocho Pasos

“No sé por qué razón pero todos los que han sobresalido en filosofía, la política, la poesía o las artes eran manifiestamente melancólicos…”
Aristóteles

La primera sección de la exhibición nos remite al más remoto origen del tema: La Antigüedad. La sala abre con esta cita de Aristóteles y muestra tres excelentes ánforas griegas que muestran la muerte de Ajax, a Penélope tejiendo y destejiendo, y las tareas de Hércules. La selección de estas obras es bien pensada y exacta, Aristóteles menciona como ejemplos de caracteres "melancólicos" y, al mismo tiempo geniales, de personajes como Hércules, Ajax y Belerofonte.

En la primera sala destaca una lápida funeraria del Templo de las Musas en Atenas, que muestra a un resignado hombre frente a una devastadora ola que ha arrasado con todo. En el centro de la sala, se presenta una pequeña estatua de bronce que enseña el arquetipo del melancólico sentado con la mano en la mejilla, representación clave de la actitud provocada por el ya mencionado humor de bilis negra.

Martin SchongauerMartin Schongauer

La segunda sala lleva el título de La Piscina del Diablo: La Edad Media, en este periodo, la divinidad y el temor al diablo serán los móviles principales de representación iconográfica. El antropólogo Roger Bartra sugiere que en esta época el tema de la melancolía era fundamental por un motivo conocido: los exorcistas de la Iglesia católica debían aprender a distinguir la melancolía de las manifestaciones de la posesión demoniaca.

“ Se trataba de un problema candente y práctico, pues en una época en que las persecuciones de brujas se extendían por todo Europa, los exorcistas acudían a veces a la medicina para reconocer señales satánicas en quienes eran afectados por síntomas que podían ser producidos por el morbo melancólico. El problema así planteado, además, se conectaba evidentemente con la antigua idea aristotélica de la relación entre el genio y la melancolía, lo que contribuía a darle un aura de extraordinario aunque misterioso atractivo.” (“Melancolía y cultura” 1997)

En esta sala encontramos pinturas de el Bosco, Martín Schongauer y Lucas Cranach el Viejo. La tentación, la pereza, el desorden del espíritu y los aires de Reforma en la Iglesia dieron lugar a imágenes melancólicas de luto y aflicción.

En el tercer salón nos encontramos con Los hijos de Saturno: El Renacimiento. Periodo en que se reinventa el significado de la melancolía, dotándola de un sentido de heroicidad espiritual y locura divina. Esta sala presenta obras de artistas como Hans Baldung-Grien, Giuseppe Arcimboldo y Nicolas de Leyde, y está coronada con el grabado de Durero Melancolía I al que Erwin Panofsky dedicó un ensayo clave en 1923. Éste, es el tercero de tres importantes grabados dedicados al tema y realizados entre 1513 y 14 (El caballero, la muerte y el diablo y La celda de san Jerónimo, son los otros dos).

Alberto DureroAlberto Durero.

Este grabado es fundamental, ya que en él se resumen, con una gran maestría de trazo y proporción, todos los símbolos que hasta ese momento habían sido asociados con la idea de melancolía: desde la corona aparentemente de laureles de la mujer-ángel que apoyada sobre el puño izquierdo, lleva un compás en la mano derecha y en la cintura porta una bolsa bien provista, símbolo de la riqueza mercantil de los melancólicos. El personaje está a medio cubrir por los pliegues bajos del vestido, donde se percibe el extremo de un enema, objeto que simboliza el lado excremental de la melancolía. A sus pies están los útiles del artesano-geómetra, un tintero, una esfera, una escuadra, un cepillo, una sierra, una regla y algunos clavos. El sol negro que ilumina el cielo se ve además ceñido por el círculo de Saturno, el señor de los anillos, el planeta anal. Además de algunos otros elementos comunes en los tres grabados como el reloj de arena y el perro.

La cuarta parte de la exposición se titula Anatomía de la Melancolía, en honor a la obra fundamental de Robert Burton escrita en 1621, e ilustrada por Guercino. En este periodo se marca la pauta de interpretación médica posterior del tema de la melancolía.

Es patente que en este periodo, en el campo del arte, la melancolía pierde algo de su sentido mágico y la representación iconográfica se reduce a la imagen de una mujer sentada con la cabeza apoyada sobre la mano izquierda en acción meditativa o bien a la representación de personajes religiosos característicamente melancólicos como San Jerónimo o Magdalena. En esta sala se encuentran obras de: Domenico Fetti, Valentin de Boulogne, Michael Sweerts, y Nicolas Poussin.

 

 

Philippe de ChampaignePhilippe de Champaigne

Valentin de BoulogneValentin de Boulogne

Caspar David FriedrichCaspar David Friedrich

La quinta sección Las luces y las sombras en el siglo XVIII describe como la melancolía se comienza a enmarcar en el ámbito de la locura, como una enfermedad del espíritu. El tema de la bilis negra comienza a ser tratado desde la razón y se reconoce como un territorio que posteriormente se definirá como “procesos de interiorización” o “ensimismamiento”. La melancolía burguesa del siglo de XVIII llega a ser un malestar general, una forma de vida. Su decorado es la Naturaleza y la Soledad que le permite al sujeto reconcerse a sí mismo dentro del mundo y reconcer su individualidad.

Francisco de GoyaFrancisco de Goya

Aquí encontramos obras de Watteau y Giovanni Battista, destacando la presencia de Goya como un representante importante en el marco de este periodo. Este artista particularmente se interesó por el tema de la melancolía y los cuatro temperamentos, dedicó innumerables obras al tratamiento de la simbología y caracterizaciones del Mal del Siglo como lo definió Diderot, entre las que se encuentran la famosa representación, ausente en esta exposición, de Saturno devorando a un hijo (obra que pertenece a la colección del Museo del Prado y que suponemos es imposible de obtener en préstamo) con la imagen negra y fatalista de Saturno y el centro neurálgico de obras posteriores de este artista.

 

En el sexto paso llegamos a La Muerte de Dios: El Romanticismo. En esta época se nota como la melancolía deja de ser un emblema y ya no es tratada como sujeto de estudio como tal. La pérdida de la fe y el desconsuelo de las circunstancias trágicas de la situación mundial vuleven la atención del individuo hacia el mundo exterior, más que al sujeto individual. Entre las obras representativas de esta sala destaca una versión de La muerte de Sardanápalo de Delacroix y las obras de Caspar David Friedrich, eminente representante del arte romántico.

Para el Siglo XIX la muestra se presenta con el título de La Naturalización de la Melancolía. En esta sección, quizá en parte por el cansancio (hasta este momento en ninguna sala hay un espacio para un descanso) la exposición parece declinar un poco, comienza a ser confusa y la selección de las obras ya no es tan ajustada. Las obras parecen ser más representativas de la locura, más que de la melancolía. Encontramos uno de los retratos de Van Gogh, un loco y melancólico por excelencia, además de obras de Franz Xaver Messerschmidt y Thomas Eakins.

Vincent van GoghVincent van GoghLa entrada de la sala del siglo XX, representa con exactitud el título de esta sección: La Angustia de la Historia, con la presencia del fotógrafo español David Nebreda que presenta tres autortretratos brutales y conmovedores de una introspección personal dentro de un discurso casi obsceno y completamente desmoralizador. A esto le sigue una mezcla un poco extraña de obras de artistas contemporáneos, desde Hopper, Sironi, Picasso, Mueck y Dix. Aquí sobresale una pintura melancólica por excelencia: uno de los últimos autorretratos de Zoran Music, donde una figura reclinada se disuelve en una plomiza licuidad del gris.

En todas las colecciones que pretenden abarcar un tema, siempre hay ausencias y sobrantes, no es posible abarcarlo todo, presentarlo todo y mucho menos cuando se trata de un tema tan complejo e ilimitado como la melancolía. Sin embargo sí siento la inquietud de preguntar por qué se abordó de forma tan limitada la segunda mitad del siglo XX. Es notable la ausencia del pop, el minimal y el arte conceptual. Una de las pocas obras incluidas de este periodo que es destacable, quizá sobre todo por su tamaño y realismo, es una escultura de Ron Mueck que presenta una de sus gigantescas figuras, esta vez es la de un hombre mayor, grande y gordo de mirada penetrante, que está sentado en la esquina de la sala. Esta pieza es tan real que cuando uno le está mirando los ojos al sujeto, juraría que puede percibir como el resto del cuerpo se está moviendo ligerísimamente con ese ritmo natural que marca la respiración de un ser viviente.

David NebredaDavid Nebreda.

Hoy en día la melancolía sigue siendo un mal común, que no ha resuelto ni el psicoanálisis ni el Prozac. Pero hay que entender que ya no puede ser vista desde el ánimo de la bilis negra y mucho menos como un mal demoníaco o de insanidad mental. Hay que entenderla como un estado de sensibilidad refinada. El melancólico moderno siente una suerte de repulsión hacia los asuntos mundanos y se siente inclinado por aquello que lo sobrepasa. Por ello, se ve a sí mismo como algo inferior, y no encuentra consuelo en ni en sí mismo, ni en los demás y mucho menos en el mundo que lo rodea.

Ron MueckRon Mueck.

Melancolía, genio y locura en Occidente, si bien tiene algunas carencias o sobrantes es una de las selecciones más claras y bien documentadas que nos permiten comprender no sólo el tema de la melancolía sino hasta el nivel de las reflexiones del hombre en torno a su naturaleza individual y social.

Edward HopperEdward Hopper Zoran MusicZoran Music
INFORMACIÓN DE LAS OBRAS
Encontrado en Farsal
Fragmento de estela llamado "La exaltación de la flor " o estela de Farsal
, Entre 470-460 aC.
Mármol, 56,5 x 67 x 15 cm
Domenico Fetti
La Melancolía, 1614 ?
Óleo sobre tela, 172,5 x 128,2 cm
Lucas Cranach el Viejo
La Melancolía, 1532
Óleo sobre madera, 76,5 x 56 cm
Obra Romana
Ajax
Obra romana de inicios de la época de Augusto , Asia Menor
Bronce, 29 x 33 x 7,7 cm
Martin Schongauer
San Antonio atormentado por los demonios
Entre 1470- 1473
Grabado, 31,2 x 23 cm
Alberto Durero
Melancolía I, 1514
Grabado a buril, 24 x 18,9 cm
Philippe de Champaigne (?)
La Vanidad, o alegoría de la vida humana,
Priimera mitad del siglo XVII
Óleo sobre madera, 28,4 x 37,4 cm
Valentin de Boulogne
Músicos y soldados, entre 1626
Óleo sobre tela, 155 x 200 cm
Francisco de Goya y Lucientes
Los tiempos, llamada Las Viejas, entre 1808-1812
Óleo sobre tela, 181x125 cm
Caspar David Friedrich
Vista de Arcona al salir la luna, entre 1805-1806
crayón y sépia, 60,9 x 100 cm
Vincent van Gogh
Retrato del Doctor Paul Gachet, 1890
Óleo sobre tela, 68 x 57 cm
David Nebreda
El espejo, la cenizas y el alfa quemado sobre la frente, 1989
El regalo de la madre. El nuevo cuchillo lleva mi nombre, 1989
El rostro cubierto de la más pura sangre, 1989
Fotografía a color sobre papel, 102 x 75 cm
Ron Mueck
Sin título (Hombre gordo), 2000
resina de poliéster pigmentada y fibra de vidrio ,
203,8 x 120,7 x 204,5 cm
Edward Hopper
Mujer al sol, 1961
Óleo sobre tela, 101,92 x 155,58 cm
Zoran Music
El sillón gris, 1998
Óleo sobre tela, 162 x 130 cm
Fotografías tomadas del sitio: Galeries Nationales du Grand Palais
A excepción de las fotos de David Nebreda que fueron tomadas de la revista Bande àpart

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Fecha de publicación: 20.11.2005