Al mARCO de una feria

ARCO 2010

Gabriela Galindo

Increíble, repito si cesar que odio las ferias de arte y siempre acabo yendo a cuanta feria se me pone enfrente y peor aún, acabo escribiendo de ellas. Pero ARCO no es cualquier feria, a punto de convertirse en “treintañera”, en su 29ª. edición, se sigue destacando —o al menos es lo que dicen— por su dedicación a las vanguardias, al arte moderno y contemporáneo, emergente y experimental.

Tani BrugueraTania Bruguera Plusvalía (Galería Juana de Aizpuru)
Foto: http://www.flickr.com/photos/didier/4367489786

Juana de Aizpuru, fue una de las impulsoras en la creación de ARCO en los años 80. Conocida como Juana de Arco, es una galerista reconocida y ella misma casi una Institución, y sea lo que sea la feria hoy en día, ella sigue defendiéndola, pero más aún disfrutándola: “siempre me han gustado los artistas difíciles, no los que están de moda”.  Aizpuru presentó un “Solo Show” (¿qué afán tenemos de usar estos anglicismos?) de la artista cubana Tania Bruguera con una pieza creada especialmente para ARCO, titulada Plusvalía, inspirada en el reciente robo del letrero de la puerta de entrada del campo de concentración de Auschwitz. Se trata de una réplica del gran letrero de metal que fue robado y encontrado días después cortado en pedazos. La artista cubana trató de crear un ambiente precario, casi como de un basurero, sugiriendo como que fue el mismo ladrón el que lo abandonó ahí después de cometer su fechoría. Aparentemente los delincuentes pertenecen a un grupo Neonazi que intentaban vender la estructura metálica que contenía la frase “El trabajo nos hará libres”, símbolo de las atrocidades de la Alemania Nazi. La pieza según la propia artista, trata de representar la contradicción entre el deseo de poseer y la incapacidad de poseerlo todo, y confrontarnos ante la indignación de una actitud de querer obtener una plusvalía aún a costa del dolor del recuerdo.

Confieso que no puedo hablar de la feria completa porque solo alcancé a ver una parte y no sólo eso, a pesar de mi intención de ir ordenadamente, revisar detenidamente la lista de participantes y galerías; acabé haciendo un recorrido trunco y desorganizado, pero que al final tuvo un dejo de asombro y satisfacción. Aún cuando cada feria tiene su estilo, también es cierto que todas se parecen, quizá lo que destaca de ARCO es que desde su inicio tuvo que debatirse entre su condición de feria de arte para coleccionistas y su carácter de evento cultural. Sin embargo, aún reconociendo que esto no es una bienal o una Documenta, se sigue notando ese carácter un tanto ‘rebelde’ (aunque cada vez más disimulado) que no he visto en otros eventos similares. Una muestra de ello es la pieza que presentó el colectivo Miderrota, compuesto por el australiano David Rachi y Rodrigo Fonseca originario de Portugal. Con el título de “Mola – No Mola” (que en México diríamos algo así como “Chido – No Chido”); la obra es un múltiple de pegatinas autoadheribles que repartieron entre el público para que fuesen colocadas al lado de las obras de arte, según el criterio del visitante. En un acto de “crítica de arte al vuelo” se ofreció al visitante la posibilidad de dejar plasmada su opinión, no solo de la obra sino de la gente, las galerías y de todo lo que representan.

MarinaAbramovicMarina Abramovic, The Kitchen V. Homage to Saint Therese,
(Galería La Fábrica). Foto cortesía de ARCO.

Para los que no vamos a comprar, la visita a la feria puede significar desde un hermoso paseo dominical hasta un trágico camino por la abundancia visual y el esnobismo cultural. Pero no deja uno de agradecer poder encontrarse obras de grandes favoritos como Abramovic, Lozano-Hemmer o Santiago Sierra.

Lozano-Hemmer participó con la galería londinense Haunch of Venison dentro del programa Expanded Box compuesto de ocho espacios con obras de artistas muy reconocidos [sic] que utilizan tecnologías y herramientas digitales innovadoras, coordinado por el crítico y curador italiano Domenico Quaranta. La pieza Reaction Diffusion del artista mexicano consiste en un grupo de cajas de luz controladas por computadora, en las que se muestran imágenes animadas que en principio no se reconoce bien su procedencia. En colores contrastados se alcanzaban a ver animaciones que más bien parecían imágenes del interior del cuerpo humano, sin embargo lo que realmente representan son regiones fronterizas con gran tráfico migratorio y desigualdad económica. Lozano-Hemmer ha trabajado intensamente con el tema de las dinámicas sociales, la vigilancia, la seguridad y la inmigración utilizando la tecnología como el aparato de control de un sistema autoritario e infinitamente injusto.

En el recorrido tuve que decidir si apuraba el paso para alcanzar a ver los más de 200 stands o me detenía con calma para apreciar obras como la de Bill Viola. Con el título de “Los Inocentes” Viola recurre nuevamente a esos juegos visuales deliciosos de caídas de agua que son su especialidad. Dos jóvenes, una chica y un chico de una belleza clásica altamente expresiva pero de una frialdad impactante, son brutalmente asestados por un chorro de agua, mientras ellos parecen no inmutarse en lo más mínimo. La lentitud de movimientos contrasta con la fuerza de la caída de agua en donde la oscuridad hace resaltar los brillos de luz reflejados en los cuerpos de los jóvenes. Ésta es una de esas obras en las que sale sobrando cualquier explicación y es mejor quedarse en la simple contemplación.

RAFAEL LOZANO-HEMMERLozano-Hemmer Reaction Diffusion (Haunch of Venison Gallery).
Foto del artista www.lozano-hemmer.com

Junto al video de Viola había otra pieza que me deleitó. Se trataba de un marco a manera de retablo, que en lugar de una figurita religiosa tenía una pequeña pantalla. Presentaba una animación que lentamente dejaba entrever una imagen hecha a base de puntos luminosos. Esta imagen era nada menos que una réplica del famoso cuadro de Bacon, que a su vez es una representación del cuadro de Velázquez, del retrato del Papa Inocencio X. Esta pieza es del artista Matt Collishaw, experimentado videoartista y uno de los pioneros en el trabajo del arte digital. Collishaw utiliza el mismo recurso de transformación que Bacon usó con el cuadro de Velázquez. Modificándolo nuevamente, provoca una continuidad en el ciclo de creación que no niega la influencia de su procedencia, y más aún, se convierte en una especie de homenaje.

Otra de las sorpresas fue encontrar en la Prometeo Gallery di Ida Pisani de Milán ciertas obras muy reconocidas de la siempre atrevida y brutal guatemalteca Regina Galindo. Al fin pude ver los videos de su performace en Venecia en el 2001. Aquel en el que se depila todo el cuerpo, desde la cabeza a los pies y camina desnuda por las callejuelas venecianas. Además del video “El dolor en un Pañuelo” del performance llevado a cabo en 1999, donde atada a una cama con los ojos vendados, expone su cuerpo desnudo a la proyección de notas periodísticas sobre violaciones y vejaciones a la mujer en Guatemala.

Bill ViolaBill Viola The Innocents (Haunch of Venison Gallery)
Foto de: Gabriela Galindo
Matt CollishawMatt Collishaw After Innocence (Haunch of Venison Gallery)
Foto de: Gabriela Galindo
Regina José GalindoRegina José Galindo, Piel (Prometeo Gallery di
Ida Pisani). Foto de: Gabriela Galindo
Regina José GalindoRegina José Galindo, El dolor en un pañuelo
Foto de: Gabriela Galindo

Antes de seguir con las obras que personalmente me interesaron, me siento obligada a mencionar que este año el invitado especial era la ciudad de Los Ángeles. Considerada como una ciudad prolífica en el arte y quizá interesante por la circunstancia migratoria que acontece en ella,  se presentó la obra de más de 50 artistas con la participación de 17 galerías representativas de dicha ciudad. Debo decir que esperaba mucho más de estos espacios. Kaoru KatayamaKaoru Katayama, Te quiero mucho
Foto de: Gabriela Galindo
Quizá por ser mexicana, el tema de la migración y la presencia hispánica en los Estados Unidos me son demasiado cercanos, demasiado conocidos. Lo cierto es que encontré pocas obras que me sorprendieran, excepto algunas cosas como un video titulado "Te quiro mucho" en el que se veía un antro típico de la frontera mexicana, con música norteña y gente bailando. Al prestar atención noté que solamente había hombres, típicos “machos mexicanos” con sus sombreros y sus botas vaqueras, bailando entre ellos, bien pegaditos y de cachetito. El video no me pareció nada espectacular (más allá de lo simpático que es ver un bar gay donde todos se ven bien machos), pero lo que me resultó curioso es que la pieza fue filmada en un bar de mala muerte en Los Ángeles, es de una artista de origen japonés y que vive en España… vaya mezcla!

 

No obstante me pareció que los temas sobre la identidad, la migración, las diferencias culturales y la violencia tuvieron cierta presencia. Se nota ese caos colectivo y la indignación ante la discriminación y las desigualdades sociales. La galería Peres Projects tenía entre sus obras una serie de fotografías del artista californiano Dean Sameshima, quien actualmente reside en Berlín. Sus obras tienen ese ambiente sórdido de la pornografía gay de los años 50, mezclado con  imágenes encontradas en revistas o Internet, las cuales manipula (o no) digitalmente. En estas obras se ve reflejada una cierta naturaleza obsesiva y un estilo particular de apropiación de las imágenes, ya sean públicas o privadas. Lo sórdido de la pornografía, y más aún si es gay, sin duda nos sigue disturbando; en el fondo espero que el arte siga por ese camino.

Dean SameshimaDean Sameshima
Foto: www.peresprojects.com

Posiblemente algo que me pasó en este trunco recorrido (como siempre sucede en estos eventos) fue que no alcancé a ver lo mejor de la feria. Cuando estaba  a punto de abordar el avión de regreso, varios amigos me dijeron: “¿pero no pasaste por el stand de fulano?, ¿no viste la performance de mengano?... vaya! Pues te perdiste lo mejor!!”

Pues sí, quizá me perdí de lo mejor, pero por lo menos en esta ocasión, no salí frustrada o enfurecida con el arte contemporáneo.  Lo que me pareció notable fue una especie de equilibrio entre las técnicas. A diferencia de algunas otras ocasiones donde resultaba hasta incómoda la excesiva presencia de las tecnologías como el video o las animaciones —en aquellas épocas en las que se hablaba de la muerte de la pintura—, o como más tarde que la tendencia fue ‘recular’ (y valga el uso de palabra tan soez), para volver a una pintura desgarbada y un dibujo graffitero y horroroso. En esta ocasión encontré cierta armonía que acabé por agradecer. Había pintura (buena y mala), una dosis considerada de video, instalaciones, bastante escultura, foto… en fin, un poco de todo; pero lo que más agradecí fue la presencia de ciertas piezas que más que arte fueron como un respiro con un gran sentido del humor que relaja y divierte un poco.

Una de estas piezas era una escultura del  artista madrileño Eugenio Merino titulada Stairway to Heaven. La guerra de los monoteísmos religiosos es una herida abierta no solo en Europa, y basta mirar la imagen de la pieza para reconocer la ironía y la burla abierta. Se trata de la figura de un musulmán hincado en acción de rezo, sobre el que está parado un cura católico que a su vez sostiene en sus hombros a un rabino. Esta Eugenio MerinoEugenio Merino, Stairway to Heaven
Foto de: Gabriela Galindo
obra causó tal revuelo que incluso provocó una reacción de protesta de la embajada de Israel (y eso que el rabino es el que está más cerca del cielo). Al momento de estar subiendo esta nota nos percatamos de que en el sitio del artista se ha retirado toda imagen de su obra y solo aparece un letrero que dice lo siguiente: "Stairway to heaven" está concebida como una escultura sobre la coexistencia de las tres grandes religiones. Me gustaría disculparme ante cualquier persona que se haya ofendido con la pieza porque no era mi intención. La imagen de esta pieza no aparecerá en esta web.

 

Me atrevo a mantener la foto en esta nota, porque me parece que un artista no debe disculparse ante nadie y me resisto a doblegarme ante las intolerancias de los otros. Si el arte ofende, quiere decir que algo bueno está diciendo. Como dicen por ahí: "la verdad no peca, pero incomoda" y antes de protestar y censurar, deberíamos reflexionar porqué esta imagen ofende.

Debo confesar que al ver la pieza en el primero que pensé fue en Cattelan y he aquí mi sorpresa que al hacer una rápida búsqueda sobre Merino, me encontré otra obra suya (que es la entrada de su página en Internet) que me quitó toda duda y me mató de risa: se trata de la pieza “Quiero la cabeza de Maurizio Cattelan” que a la manera del propio Cattelan, Merino le da una cucharada de su propio chocolate. Esta pieza junto con “4 the love of Go(l)d”, donde vemos a Damian Hirst hincado pegándose un tiro en la sien, representan una mirada irónica a esos personajes públicos que gobiernan, queriéndolo o no, las tendencias y estilos del arte y el mercado en nuestros días.

Y hablando de mercado, pues habrá que tocar ese tema, el asunto de la venta siempre es punto a discutir en las ferias (obviamente). Ante la crisis mundial, todos se mordían las uñas antes de desembolsar los 20 o 30 mil euros para rentar un espacio en ARCO. Pero al parecer a algunos no les fue mal, se dice que tan solo el Reina Sofía se gastó más de 900 mil euros este año, y junto con la entidad financiera andaluza UNICAJA  y el Ayuntamiento de Pamplona juntan casi el millón y medio de inversión en arte. Pero lo que simplemente está fuera de mi comprensión es que por ahí se rumoraba que la pieza más cara de toda la feria fue un Botero titulado La Playa que costaba casi un millón de euros.
¿Botero? Habiendo piezas de Miró, Tápies, Picasso y otros tantos portentos… ¿el más caro, un Botero? ... en fin, son de esas cosas que nunca entenderé del mercado del arte.

 

Eugenio MerinoEugenio Merino, Quiero la cabeza de Maurizzio Cattelan.
Foto tomada del sitio del artista: www.eugeniomerino.com/
Eugenio MerinoEugenio Merino, 4 the love of Go(l)d.
Foto tomada del sitio del artista: www.eugeniomerino.com/

 

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Fecha de publicación: 01.03.2010