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“Artista rojo remunerado
por gobierno facha por efectuar una operación de mejora de
imagen durante 143 días”. Un
comentario sobre la obra de Santiago Sierra en la Bienal de Venecia. |
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El equipo del Ojo Atómico,
formado en la actualidad por Tomás Ruiz-Rivas y María
María Acha, asistió a la inauguración de la 50
Bienal de Venecia el pasado mes de junio. María María,
de nacionalidad peruana, consiguió entrar en el pabellón
español, violando las condiciones de acceso impuestas por el
artista hipano-mexicano Santiago Sierra. Esta acción ha motivado
la reflexión que sigue. |
Creo que todos los que puedan leer
este texto conocen ya el trabajo presentado por Santiago Sierra:
un muro de acabado tosco cierra la entrada principal del pabellón
español en los Giardini; en la entrada posterior, una pequeña
puerta de servicio, un vigilante uniformado solicita a los visitantes
que muestren sus pasaportes o documentos nacionales de identidad,
ya que la nacionalidad española es requisito indispensable
para acceder al pabellón. Dentro se han dejado los residuos
resultantes de la construcción del muro. La pieza pretende
criticar la política de extranjería del estado español.
En este proyecto Santiago Sierra se aparta del rigor marxista
que caracteriza su obra desde principios de los 90. El muro que
cierra la entrada no se presenta como el resultado de un trabajo
alienado, cuantificable en horas/hombre, y que genera grandes plusvalías
al ser trasladado como obra de arte al ámbito de la superestructura
de la sociedad capitalista (superestructura que a su vez se financia
con las plusvalías que genera el trabajo alienado). Este
muro es un objeto metafórico: representa las vallas y muros
materiales que se están construyendo en Ceuta y Melilla,
así como los inmateriales, las leyes, que dificultan la entrada
y establecimiento de inmigrantes pobres en España. El muro
es una escultura en el sentido más tradicional.
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La
artista y miembro del Ojo atómico María María
Acha de nacionalidad peruana, burló el control de policía
y entró al pabellón español de la Bienal
de Venecia.
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| Como Santiago ha sido un artista de
coherencia extrema, el cambio de registro da que pensar. |
| Además
hay un desajuste entre el “funcionamiento” de la obra
y la realidad jurídica que prentende criticar. Desde 1995
las leyes que regulan la entrada de extranjeros en España
están sometidas a los acuerdos firmados en el tratado de
Schengen, que creó un espacio sin fronteras interiores (son
miembros del espacio Schengen Austria, Bélgica, Dinamarca,
Finlandia, Francia, Alemania, Islandia, Italia, Grecia, Luxemburgo,
Holanda, Noruega, Portugal, España y Suecia). Por ejemplo,
si un ciudadano peruano, como María María, quiere
venir de vacaciones a España, solicitará una visa
Schengen, no una visa española. Si este ciudadano peruano
viola su visa Schengen, exceder el tiempo de estancia concedido
es una de las causas, no podrá entrar en ningún estado
del espacio Schengen en tres años. También se da el
caso de que si un ciudadano peruano quiere venir de vacaciones a
España, y dispone de recursos suficientes, puede evitarse
las colas y trámites de los consulados españoles solicitando
su visa en cualquier otro consulado Schengen. Por regla general
la única condición es tener un billete de avión
con ese destino, con lo cual sólo necesita viajar en un vuelo
con escala en el país elegido. |

Visitantes de la bienal
intentando entrar al pabellón español. |
El argumento empleado
por María María para entrar en el pabellón
español se basó precisamente en el desajuste indicado.
Si ella es residente en España, disfrutará de los
mismos derechos que los españoles en lo que a acceso y permanencia
en territorio español se refiere. El guardia no tuvo argumentos
que oponer y franqueó la puerta. Extendiendo el razonamiento
tendrán el mismo derecho todos los ciudadanos del espacio
Schengen, y posiblemente todos aquellos extranjeros que o son residentes,
o no necesitan visa, o disponen de su visa. O sea, todo Dios.
El desajuste refuerza el carácter metafórico del
muro. El artista selecciona arbitrariamente quién puede entrar
en el pabellón, quizás para representar, de nuevo
metafóricamente, la arbitrariedad de las leyes de extranjería.
La realidad es que la pieza, aunque muy efectista, resulta cómoda
para las autoridades españolas, ya que su responsabilidad
en estas cuestiones es parcial. El muro, como señaló
el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, unos
dias antes de la inauguración de la Bienal, lo está
construyendo Europa, toda Europa. |

Instalación de Santiago Sierra
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| Por otra parte la Bienal de Venecia es el primer
gran evento cultural después de la guerra de Irak. No hace
falta ser un experto en propaganda política para sospechar
que el gobierno español ha querido aprovechar la ocasión
para mejorar su imagen, muy dañada en toda Europa tras la traición
cometida contra sus socios comunitarios y el inexplicable alineamiento
con Estados Unidos y el Reino Unido para la invasión y expolio
de Irak. Como Santiago Sierra ya fue invitado a una exposición
en la anterior edición de la Bienal, y su trabajo tiene una
fuerte carga política, además de la base teórica
marxista, parece más indicado para una operación de
imagen que otros creadores españoles que han pasado por el
mismo pabellón, como Ana Laura Aláez. |
| Juntando los tres
elementos de esta reflexión – incoherencia con el resto
de la trayectoria del artista, desajuste del funcionamiento de la
obra con la realidad criticada y necesidades políticas del
gobierno español – podríamos llegar a la conclusión
de que el objetivo de la pieza es en realidad proporcionar unas
briznas de legitimidad cultural al gabinete de Aznar. En este caso
el título más adecuado sería, si se me permite
una broma, “Artista rojo remunerado por gobierno facha por
efectuar una operación de mejora de imagen durante 143 días”.
Pero esto es una especulación, ya que desconozco las intenciones
reales de Sierra. Creo que en este caso es mejor dejar que las conclusiones
surjan de la imaginación o la capacidad de razonamiento lógico
de cada uno.
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Santiago Sierra afuera
de su instalación
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