Crónica de una feria anunciada

Fernando RasconFernando Rascón (Galería La Estación)

Gabriela Galindo

Palmas Park - área de exposición [sic].

El 29 de abril cerró la cuarta edición de MACO, la feria internacional de arte contemporáneo en México. Entre las muchas cosas que se pueden decir de lo acontecido en cinco días, la primera que me viene a la mente, no la más importante pero sí la más notoria, es acerca del escándalo que provocó el espacio donde se montó la Feria. Un edificio en obra negra –eso sí ubicado en una lujosa zona residencial– del que se ha sobre comentado acerca de los problemas de humedad, el polvo, la falta de ventilación, donde no funcionaban los celulares y mucho menos las terminales de tarjetas de crédito. En fin un desastre.

Pero esto resulta importante no solo por las inconformidades y quejas que la situación provocó en los galeristas, se dice que el dueño de una importante galería italiana al ver el lugar, simplemente empacó y se fue. Otros tantos comentaron que sería la última vez que participarían. Pero más allá de los problemas mercadológicos que esto supone, la falta de instalaciones apropiadas puede llegar a ser un factor que influye incluso en la opinión e interpretación de lo que encontramos y vimos en la feria.

Marcos CastroMarcos Castro (Galería Luis Adelantado)

No olvidemos que estos eventos, a pesar de tener como objetivo fundamental la venta de arte, también –por desgracia– marcan la pauta y delimitan tendencias no solo en el mercado sino también en la producción misma de la obra. Artistas y coleccionistas se dan cita en el lugar para sondear hacia donde va el arte, qué artistas están "de moda", qué medios se usan, o simplemente para comparar cuánto cuesta lo que me gusta, o si me gusta porque cuesta tanto.

Una de las cosas que llama la atención de este año, es el ya muy mencionado pero contundente regreso del dibujo y la pintura. Esto representa una conocida estrategia de mercado. Pues hace una década se hablaba de la muerte de la pintura para dar lugar a un nuevo nicho de mercado, el del video; ahora parecería que el video ya no es lo actual. La presencia de muchos artistas emergentes –y sobrevivientes– que están trabajando con dibujo, caricatura tipo comic undergound; muy irónicos y con temáticas alrededor de la sexualidad abrupta y la violencia y sí, mucha, mucha pintura.

Pero esto como dije, ya no es tan nuevo, desde la Bienal de Praga en su edición del 2003 se hablaba del "efecto Lázaro" de la pintura y de la resurrección del hiperrealismo pictórico. Lo que me llamó la atención desde el primer día, fue que al mismo tiempo se mostraba una disminución notable de obras de video y animación. El año pasado veíamos que de cada 10 galerías 8 tenían algún tipo de proyección, mientras que este año eran apenas unas cuantas.

Inevitablemente yo empecé a sacar conclusiones que me parecieron fundamentales, acerca de cómo y porque el video está de salida; de cómo la evolución de un medio tiene un gran auge, luego pasa al olvido y años más tarde se recupera. Efecto parecido al que está sucediendo, más que con la pintura, con la gráfica, hija por demás despreciada desde hace tantos años por el mercado y la industria del arte en general.

Pero, craso error. Esto es totalmente falso... porque contenta con mis sesudas interpretaciones, las comenté con algunos de los artistas y galeristas y cual fue mi sorpresa al enterarme que muchas de las galerías sí tenían obras de video, sin embargo debido a la precariedad de las instalaciones no pudieron montarlos.

aggtelekaggtelek (Galería Luis Adelantado)

Aquí es donde vemos la convergencia de la mala planeación, la deplorable instalación con la opinión e interpretación acerca del futuro y las nuevas tendencias en el arte contemporáneo. ¿Será que la falta de una simple toma de corriente eléctrica puede cambiar por completo la percepción de lo que se está haciendo hoy en terrenos de producción artística?
Probablemente para aquellos que siguen pensando que una feria es la muestra de la vanguardia y lo mejor del arte, sí. La pregunta entonces gira sobre si estas ferias, ya sea MACO, o sus versiones de primer mundo como son ARCO en España o ArtBasel en Miami, son una pauta confiable para crear una opinión sobre qué pasa hoy en el arte contemporáneo. O simplemente deberíamos reconocer que son un grandísimo y muy sofisticado Tianguis.

Así pues, considerando (con toda su obviedad) que el objeto de estas ferias es vender arte, la cosa parecería sencilla, pero la venta de arte es altamente especulativa. El valor de una obra no depende de una tasación clara, el costo no se saca con una de esas fórmulas donde simplemente se suma el   costo fijo más el costo variable y se multiplica por lo que se quiere sacar de utilidad. Valuar una obra de arte es una labor absolutamente subjetiva y depende mayoritariamente de la oferta y la demanda o de la simple especulación. Un galerista que trata de vender una obra de un artista joven, tendrá que convencer al comprador de que el artista seguirá una carrera exitosa, de que es una buena inversión, de que este muchacho será quien marcará la pauta de las grandes transformaciones artísticas en el futuro, y bla bla bla. Pero, ¿será cierto? ¿Quién nos garantiza que en unos años este artista no pasará al olvido? ¿Cómo saber que no se trata de una simple llamarada de petate ?

Ariel OrozcoAriel Orozco (Galería Myto)

Uno de estos "nuevos talentos" que tienen la fortuna de ser representados por más de una galería es el artista cubano Ariel Orozco (no, ningún parentesco ni con Gabriel ni con José Clemente). Talentoso e inteligente, surge con propuestas conceptuales que han impresionado lo suficiente para que ya desde el año 2005, cuando contaba con solo 26 años, su obra se presentaba en una solo exhibition en ArtBasel. La curiosidad me llevó a preguntar acerca del precio de una de sus obras armada con una decena tambores de batería sobrepuestos que simulaban una torre, según me dijeron, producto de un sueño de Ariel. Mientras tanto, mi buen amigo Ricardo Pohlenz jugueteaba a su alrededor sin saber que si llegaba a tirar la torrecita se endeudaría por la cuantiosa cantidad de 20 mil dólares.

Entre mis paseos por los calurosos cubículos, se me ocurrió decir que según Chesterton (que ni siquiera tengo certeza de que lo haya dicho) "el buen arte es solo el que me gusta". Obviamente esto provocó una tremenda reacción en el dueño de una galería. No hay manera de justificar el precio de una obra si yo simplemente digo "no me gusta" y por ende para mi eso no vale ni un centavo.

En la feria ARCO que se llevó a cabo en España a principios de este año, una agencia de noticias se dio a la tarea de montar una pequeña bromita. Le pidieron a un grupo de niños que no rebasaban los 6 años que pintaran entre todos un cuadro; clandestinamente lo colocaron en uno de los stands de la feria y lo valuaron en 15 mil euros. En las entrevistas a los visitantes todos coincidieron que era una gran obra, que el costo era razonable y que merecía estar entre los grandes maestros... Entonces, ¿es una obra maestra porque está en una importante feria y cuesta miles de euros o es una obra maestra porque me gusta?

Lo cierto es que si dejamos de atenernos a los parámetros de validación que el mercado del arte ha impuesto, acabamos con el negocio. Esto suena muy atractivo para aquellos de naturaleza subversiva, y además, nos invita a ser consecuentes con el hecho de que una de las funciones principales del arte ha sido manifestarse críticamente contra la sociedad de consumo. Pero las cosas no son tan simples, porque acabar con el mercado del arte supone un segundo problema: los que vivimos o queremos vivir del arte tenemos que ponerle un precio a nuestro trabajo y he aquí el paradigma. No quiero participar de la mafia que delimita, valora o devalora las obras asegún su conveniencia, pero entonces ¿cuánto vale mi obra?. Tremendo dilema.

ARCOStills de video, tomado de YouTube

Lo único cierto es que no hay nada mejor para que el trabajo de un artista adquiera un alto valor en el mercado que morir y si muere trágicamente aún mejor. Si a esto le añadimos un poco de especulación por parte de algunos buenos mercadólogos, éxito total. Basta ver lo que está sucediendo con Frida Kahlo, además de que sus obras hoy alcanzan cifras de muchos dígitos en las grandes subastas, ha salido al mercado toda una gama de productos que va desde las clásicas camisetas, tazas y llaveritos; hasta un perfume, un tequila, piezas de cerámica e incluso unos zapatos tenis avalados por una reconocida marca con la carita de la señora bigotona. Realmente la Kahlo resultó un buen negocio, para todos menos para ella, pues en vida su popularidad en el medio del arte apenas vislumbraba por ser la mujer del gran muralista. Tenis Frida Kahlo
(Foto: cortesía de Gatopardo)

Pero no todo es motivo de disgusto. En las más de 80 galerías participantes uno encuentra verdaderamente de todo, eso es lo bueno de los mercados y entre cientos de pinturas, dibujitos, instalaciones y otras tantas obras inclasificables –como la obra de Artemio, un burro disecado en el momento en que se deleita con unas cervezas– lo emocionante es encontrarse una que otra joya en la que nunca habíamos reparado o era completamente desconocida. Tal es el caso de Federico Lombardo, artista de origen italiano que utiliza el óleo y la acuarela para presentar unos retratos, la mayoría femeninos, de una delicadeza fluida y transparente. Características que hoy en día son cada vez difíciles de encontrar en medio de la abundancia de temáticas violentas e irónicas.

Ciertamente es imposible pensar que el arte puede desprenderse de la influencia brutal que genera la sociedad de consumo. Lo único que nos queda es no perder de vista que nuestra opinión es y será siempre más importante que el precio.

Federico LombardoFederico Lombardo
(Galería Bonelli Arte Contemporanea)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografías de Gabriela Galindo (a excepción del Tenis Frida Kahlo)

Ver la otra versión: MACO, la feria de arte; lo contemporáneo
definido desde el mercado

 

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Fecha de publicación: 08.05.2007